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sábado, 14 de agosto de 2021

El agua, un bien escaso de futuro incierto. El País


El ser humano lleva 400.000 generaciones habitando este orbe de azul y tierra. Ha soportado semanas en las que parecía que nunca dejaría de llover y meses de un estío infinito. Conoce las consecuencias de la aridez. Los acadios desaparecieron hace 4.000 años, los mayas entre los siglos VIII y IX después de Cristo y los granjeros de las grandes planicies (Kansas, Colorado y Dakota) abandonaron sus pastos en los años treinta del siglo pasado. Todo era polvo e ira. La falta de agua ha acabado con civilizaciones enteras. La sequía cuartea la tierra, como un caminante que atravesara Comala, de Juan Rulfo, y amenaza con convertirse en la próxima pandemia. Y nadie posee una vacuna. Las personas han estado conviviendo con sequías durante 5.000 años, pero lo que vemos ahora es muy distinto. “La escasez por satisfacer las necesidades básicas de la población es consecuencia, sobre todo, de una mala gestión de las prioridades éticas, al anteponerse poderosos intereses en actividades productivas, o usos suntuarios, por encima de los derechos humanos y las necesidades vitales de los más empobrecidos”, advierte Pedro Arrojo, relator especial de la ONU para los derechos humanos al agua potable y al saneamiento.

Quizá porque es incolora e insípida, ni siquiera los inversores, pese a ser indispensable para la vida, le han prestado atención durante la crisis sanitaria. Tal vez porque en los países ricos resulta natural abrir el grifo y que se vierta agua de calidad. Es en este momento cuando aparecen los economistas. Las próximas líneas podrían escribirse al igual que Cela redactó su Cristo versus Arizona, más de 200 páginas con un solo punto. Una diáspora incesante de palabras. Únicamente el 0,5% del agua del mundo es potable, cerca de 2.200 millones de personas no beben de forma segura y 4.200 millones carecen de infraestructura sanitaria. Una cuarta parte del planeta enfrenta un estrés hídrico máximo y 800.000 hombres, mujeres y niños de países pobres mueren al año por falta de higiene y agua adecuada. El futuro será algo sin precedentes en 400.000 generaciones. En 2030 —acorde con la ONU— la demanda de agua superará en un 40% la oferta y obligará a un gasto extra a los gobiernos de 136.000 millones de euros anuales. Mientras, la demografía, imperturbable, proseguirá su destino. Con una población que habrá aumentado durante 2050 entre un 22% y el 34%, cerca de 6.000 millones de seres humanos podrían sufrir escasez de este líquido básico. Este es el posible mañana visto desde fuera del planeta. Queda esa frase de Van Gogh. “Tengo… una terrible necesidad…, ¿diré la palabra?…, de religión. Entonces salgo por la noche y pinto las estrellas”. La respuesta “no es extraer más agua, sino recuperar, regenerar y reutilizar los acuíferos”, defiende Pedro Arrojo. Si tú cuidas del suelo, el suelo cuida de ti. Es nuestra Vía Láctea empedrada de estrellas.

Imagen de la laguna de Aculeo en Paine (Chile) en enero de 2019 totalmente vacía por la sequía.© RODRIGO GARRIDO (EL PAÍS) Imagen de la laguna de Aculeo en Paine (Chile) en enero de 2019 totalmente vacía por la sequía.

Enormes pérdidas

Este pequeño planeta, arrinconado en la orilla de un océano cósmico, necesita asegurar su agua. El Banco Mundial calcula que la pérdida de este elemento vital en agricultura, salud, ingresos y propiedades puede reducir en 2050 hasta el 6% del PIB en algunas regiones del mundo. Urge cuidar los riachuelos, las torrenteras, el río que nos ha llevado durante miles de años. “Si analizamos las cuencas hidrográficas españolas [andan al 50% de su capacidad, 27.958 hm3; por hacerse una idea: un hectómetro cúbico es similar a un campo de fútbol], vemos que no estamos mejor pero tampoco hemos ido a peor, sin embargo aún hay que mejorar hacia una gestión más sostenible del agua”, apunta Elena López Gunn, responsable de la consultora Icatalist.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico acaba de presentar a consulta pública Los planes hidrológicos de cuenca 2022-2027, que atraviesan la adaptación al cambio climático, los vertidos urbanos, la contaminación difusa de la agricultura, la recuperación de los márgenes fluviales (restaurar 5.000 kilómetros de ríos, arrollados por la especulación urbanística) y la gestión sostenible de las aguas subterráneas. “Esto último me parece crítico. Por fin habrá un Plan Nacional de Aguas Subterráneas. Hacía más de 20 años que no se actualizaba el anterior. En general, el enfoque es bueno ya que se admite que resulta necesario reducir el uso”, refrenda Gunn. Quedan, en principio, fuera de la mesa, por primera vez, nuevas presas, desaladoras (sin energías verdes son muy caras y generan una elevada huella de carbono) o trasvases. O sea, la propuesta de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes (Fenacore). “Aumentar la regulación hídrica en 16.000 hectómetros cúbicos mediante la construcción sostenible de obras de regulación”, defienden. El ministerio ha puesto el objetivo en reducir la demanda, no en incrementar el caudal. En España, el agua siempre ha tenido un relato demasiado político y quizá haya que abrir la esclusa a una especie de cientificocracia líquida. Sobre todo, cuando el 79% se dirige a la agricultura y la ganadería.

El ser humano está concebido para aprender y sabe que las puertas del cielo y del infierno son adyacentes e iguales. Todo depende de sus decisiones. “El sector ha presentado a Europa planes de inversión pública y privada utilizando los fondos europeos por valor de 14.000 millones de euros”, resume el economista José Carlos Díez. Y añade: “Es una gran oportunidad para crear empleo”. Proyectos que cursan palabras como “digitalización de regadíos”, “drones”, “satélites” o “gestión inteligente de acuíferos”. Términos nuevos en el diccionario ecológico español. Pero esa enumeración de conceptos ha enseñado que el agua arrastra a la vez las pesadillas y los sueños del ser humano.

Porque el agua también anega a los gigantes tecnológicos. Sin ella no existirían Tesla, Amazon, Facebook, Alphabet, Spotify o Netflix, pues el hardware que utilizan exige procesar enormes cantidades de esas moléculas de hidrógeno y oxígeno. Hoy no valdrían 5,7 billones de dólares (4,8 billones de euros) en el parqué. El presente es un imán tan poderoso que repele el pasado, y sus enseñanzas. Hace pocos años —­describe The Economist— Coca-Cola tuvo que cerrar plantas en la India por la sequía. En 2019, las inundaciones causaron roturas de suministro de dos gigantes como Cargill y Tyson Food. Un trabajo de la oenegé CDP encontró que 783 grandes compañías cotizadas en Bolsa sufrieron pérdidas conjuntas de 40.000 millones de dólares en 2018 por el agua. Diez años antes, Barcelona se vio obligada a importarla de Francia. Mientras, TSMC, uno de los mayores fabricantes de semiconductores del mundo, que consume cerca de 156 millones de litros diarios, está teniendo problemas con la producción debido a la fuerte sequía que sufre Taiwán.

Otra de las preocupaciones de las empresas es que se dispare el precio. El mercado de este líquido no refleja ni los costes sociales ni los medioambientales. Ni siquiera las ironías. A la industria del agua embotellada le cuesta seis o siete litros —acorde con Barclays— producir una botella de un litro (incluido el embalaje) de agua. La firma de análisis de datos S&P Global Trucost ha descubierto que si las compañías del índice Fortune 500 pagaran el verdadero precio del agua sus márgenes disminuirían en una décima parte. Y las lindes para sectores como el de bebidas, comida y tabaco (su producción mundial consume 22.000 millones de toneladas de agua al año. Dicho de otra forma, una persona que fuma un paquete de 20 cigarros diarios durante 50 años malgasta 1,4 millones de litros) podrían desplomarse un 75%.

Llueven los números, y no escampa. “Las empresas actuales utilizan unas 700 veces más agua dulce al año que petróleo. Al precio actual del crudo —alrededor de 70 dólares el barril—, esto significa que si las organizaciones se vieran obligadas a desembolsar 0,10 dólares, o una cantidad superior, por barril de agua, les costaría tanto o más que el oro negro”, calcula Toby Messier, consejero delegado de Aquantix, una firma canadiense que emplea inteligencia artificial para analizar los riesgos de este líquido. “Tenemos que ir a un precio que refleje las externalidades. Y las tensiones geopolíticas regionales serán un conflicto constante”, augura Roberto Scholtes, director de estrategia de UBS en España. En principio, el agua es un bien común y de uso público en casi todas las legislaciones del planeta. Lo que blinda su comercio. Sin embargo, desde el 7 de diciembre de 2020 los derechos (futuros) sobre su utilización (no el agua en sí) cotizan en Wall Street ante su creciente escasez. En un solo año, se ha duplicado el precio en California.

Todo esto se escucha en Palencia (España) como si el orvallo cayese sobre un tejado muy lejano. Jeromo Aguado debería estar jubilado. Es agricultor y ganadero. “En ecológico”, aclara, orgulloso. Ganadería viva, pollos, corderos. Ha visto encadenarse las estaciones. Conoce el sol, el cierzo y esas nubes que pasan cargadas de agua pero que jamás descargan. “Este año no ha sido de los peores”, reconoce. Aunque se moja. “El agua de riego se está utilizando para un modelo de agricultura intensiva, que piensa en los productos de forma especulativa con el fin de colocarlos en los mercados internacionales”, critica. Quizá ignore la inmensidad de los intereses y la geografía del dinero. En pleno centro de la escalada de la crisis del agua, el negocio planetario de la comida y el sector agroalimentario manejan cinco billones de dólares (4,24 billones de euros). Y al menos —según Barclays— unos 415.000 millones en ingresos podrían estar en riesgo por la falta de agua para regar los campos y abrevar el ganado. Además, otros 248.000 millones de dólares viven bajo el peligro de los cambios de los patrones de lluvia y su efecto sobre la reducción de las cosechas.

El peligro ya es sol, llamas y humo. El oeste de Estados Unidos afronta una sequía sin precedentes en 1.200 años. El periódico The New York Times cuenta la inquietante historia de un productor californiano de arroz de alta calidad para sushi que llegó a la conclusión de que era mejor negocio vender el agua que habría usado para cultivar el cereal que cultivarlo. El nivel de los depósitos está bajando mucho y las redes eléctricas corren el peligro de dejar de funcionar si las presas hidroeléctricas no captan el agua suficiente para generar energía. California no queda tan lejos. La pluviosidad en el arco mediterráneo ha descendido un 20% en las tres últimas décadas. “La sequía es el tema que más preocupa en el suroeste”, observa Bruce Babbitt, antiguo gobernador de Arizona y secretario del Interior durante la Administración de Clinton. Y alerta: “Los científicos predicen que continuará durante muchos años y debemos hacer grandes reducciones en su consumo. Más del 80% va a regadío y habrá que ir, poco a poco, eliminando esas tierras. Será difícil, pero esencial”; será el clima versus Arizona.

Cada sequía es un aviso de nuestro futuro climático. Los estadounidenses tienen la fe de que los mercados y el dinero suelen arreglar los problemas. El presidente Biden ha creado el American Rescue Plan Act 2021 destinado al agua y sus infraestructuras. El proyecto de ley prevé invertir 500 millones de dólares para el acceso al agua a familias con bajos ingresos y unos 30.000 millones dirigidos a ayudar a propietarios y arrendatarios. Además, los Estados pueden utilizar los 350.000 millones del Coronavirus Relief Fund (Fondo de Ayuda del Coronavirus) en inversiones imprescindibles en agua, alcantarillado o infraestructura de banda ancha. “La mayoría de los americanos tienen la suerte de abrir los grifos y tener lo que parece un suministro ilimitado de agua limpia para beber. A medida que cambia el clima, también lo hace su disponibilidad y algunas partes del país están soportando periodos de escasez que jamás habían visto. Es crítico aquí, y en el resto del planeta, entender y anticiparse a esas transformaciones”, alerta Kevin S. Minoli, exabogado de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas inglesas).

Tecnología obsoleta

La luz penetra donde no brilla el sol. El agua ha estado alejada de la innovación. Como una marea que nunca hubiera alcanzado la orilla. “Utilizamos tecnología del siglo XIX para construir infraestructuras del XX, pero ahora tenemos retos del XXI”, enlaza James Eklund, uno de los arquitectos del Plan de Contingencia contra la Sequía de Colorado. “El agua requiere lo mejor del ingenio humano, porque los riesgos son muy elevados, y afectan a la salud, la seguridad humana, la justicia social, la equidad y el medio ambiente”. Solo en Estados Unidos, unos 162 millones de personas es probable que experimenten mayor calor y tengan menos agua. La Fundación First Street ha descubierto que existe un 70% más de edificios vulnerables a las inundaciones de lo que se pensaba. “El reto es tan grande y existencial que requiere de una fuerte participación del sector privado. Los gobiernos deben incentivarla para que innove en agua y clima a la misma escala que provocó la revolución digital”, asume Eklund.

La presidenta de la Unión Europea, Ursula von der Leyen, ha asegurado que “el agua está literalmente en todas partes del Pacto Verde Europeo”. No es un bien financiero, es un derecho humano. Pero se escapa al igual que a través de un hisopo. “Resulta necesario diseñar instrumentos económicos que permitan reconocer su valor, es decir, asignar correctamente un precio, para estimular a los consumidores, la industria, la agricultura a mejorar su ‘productividad’, pero tendrán que ser justos e igualitarios”, analiza Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), y esto supondrá encarecer algunos productos, que no están pagando un precio correcto según su consumo de líquido. Recuerda al Enūma Eliš, un poema babilónico que narra el origen del planeta: “En los huertos de los dioses, contempla los canales”.

El hombre, que se cree un pequeño dios, lleva décadas fiando su destino a la oferta y la demanda. Esa pareja malavenida. “En teoría, los mercados penalizarán el desperdicio y recompensarán la conservación a medida que el agua se vuelva más valiosa”, comenta Jesse Keenan, un urbanista formado en Harvard y que hoy es profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans). Pero la participación de la iniciativa privada resulta tan pequeña que solo entra en juego para aprovechar los precios extremadamente altos que se dan en tiempos de escasez. Así que miran el negocio al igual que un espejismo. Si invierten es persiguiendo grandes volúmenes de agua. Por lo que si las sequías se vuelven extremas resultará muy probable que los “pequeños agricultores no tengan acceso a ella”, avisa el experto. Su escasez debería ser una prioridad de los inversores. “Sin embargo, el agua es un tema bastante más concreto que, por ejemplo, el cambio climático, y no está claro, siempre, hasta qué punto una empresa en la que se puede invertir corre el riesgo de sufrir escasez”, valora Andy Howard, director global de Inversión Sostenible en Schroders. Existen unas 300.000 compañías —destaca la gestora Pictet— relacionadas con el agua, pero solo 850 cotizan en Bolsa. Existe desinterés.

Sin embargo, la aurora ilumina las parcelas más yermas. Queda esperanza. Al igual que con la emergencia climática. Urge cambiar las formas en las que se consume el agua, para eso hay que introducir innovación y educación en su uso. Heineken puso en marcha en 2017 un programa destinado a recuperar tres lagos degradados cerca de su fábrica sevillana. Consiguió devolver 420.000 metros cúbicos cada año. La biotecnológica Chr. Hansen (con sede en Tres Cantos, Madrid) produce un coagulante (Chy-Max) con el que son necesarias 2.000 toneladas menos de leche para producir 200.000 toneladas de queso. Y Danone quiere contar con un plan de restauración o preservación para las 55 cuencas hidrográficas con gran estrés hídrico donde opera de aquí a 2030.

Mientras, el mundo desperdicia 1.300 millones de toneladas de alimentos al año. ¿Cuánta agua se tira? “La estamos malgastando. Y no es la responsabilidad solo de un país, exige un compromiso de coordinación multilateral”, alerta Emilio Ontiveros, presidente de Analistas Financieros Internacionales (AFI). De hecho, “dos de los grandes retos de las próximas décadas serán reforzar la cooperación transfronteriza y garantizar que se gestiona el agua de forma sostenible”, prevé Virginijus Sinkevičius, comisario europeo de Medio Ambiente, Océanos y Pesca.

Si queremos sobrevivir en este recóndito espinazo de estrellas y noche necesitaremos una enorme cooperación internacional, innovación y sacrificio. En su libro, Un paraíso construido en el infierno (Capitán Swing), la escritora Rebecca Solnit detalla cómo la gente se une tras las grandes tragedias. El Blitz alemán sobre Londres, el huracán Katrina, el 11-S en Nueva York. “En un mundo de dolor cotidiano, este es el único paraíso posible, y nunca existirá entero, estable y completo. Siempre habrá que dar respuesta a problemas y sufrimiento: construir el paraíso es el trabajo que estamos destinados a hacer”, escribe. Pero un Edén sin agua es un desierto de arena.

El grifo de la desigualdad gotea

El famoso economista griego y antiguo ministro de Finanzas Yanis Varoufakis está de vacaciones. “Bien merecidas”, bromea. Acaba de publicar un libro, Otra realidad. ¿Cómo sería un mundo justo y una sociedad igualitaria? (Deusto). La respuesta a esa pregunta discurre por la inequidad y el agua. Juntas. Ni siquiera paralelas. En este tiempo de ocio, saca algo de espacio para reflexionar sobre dos temas de los que depende nuestra existencia. “La escasez de agua ya abre una brecha entre ricos y pobres, poderosos e impotentes, opresores y oprimidos”, cuenta. “Y eso se agravará a medida que el cambio climático amplíe la fractura entre los ricos totalmente hidratados y quienes no tienen acceso al agua o se ahogan periódicamente en ella”. Los números le dan la razón. Un trabajo de febrero de The Guardian descubrió que las áreas latinas de Estados Unidos beben el doble de agua que no cumple los estándares de seguridad que otras poblaciones del país. Algo que ya hemos visto en el asentamiento de la Cañada Real en Madrid.

Un futuro bélico —dicen— amenaza a Europa. “Las personas mayores tendrán que hacer sacrificios en la lucha contra el cambio climático o los niños de hoy se enfrentarán a un futuro de guerras por el agua y los alimentos”, ha advertido Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea. Está en el pasado del Viejo Continente y en otras tierras. “Hay una larga historia de conflictos por el agua y la Unión Europea condena firmemente su uso como arma de guerra. Nuestro compromiso diplomático es que sea un elemento de paz, seguridad y estabilidad. El agua puede ser una fuente de inestabilidad, pero también de creación de instituciones y de cambios sistémicos, positivos y duraderos”, desgrana Virginijus Sinkevičius, comisario europeo de Medio Ambiente, Océanos y Pesca. Es una vereda complicada de calcular. Incluso los anillos de los abedules blancos engañan con sus círculos. Martin Wolf, jefe de Opinión Económica del diario británico Financial Times, camina bajo sus sombras. “Hay escasez física de agua, en el sentido de sequías y falta de almacenamiento. Luego está la carencia de agua potable apta para beber (que es un pequeño subconjunto de toda la que utilizamos). Después vemos la ausencia de un sistema de distribución universal para esa agua limpia. Es decir, tuberías inadecuadas destinadas a la entrada y salida del agua sucia, y finalmente está su precio”, reflexiona. “Si la escasez física se vuelve extrema, entonces otras formas de escasez resultan más probables. Las sequías pueden crear falta de agua dirigida a fines agrícolas. También podrían manifestarse en altos precios para destinos esenciales, sobre todo, beber, cocinar y limpiar, aunque la ausencia de inversión en estos suministros puede ser incluso más importante que las sequías”, concluye Wolf. Las finanzas son el interruptor de la desigualdad. El capitalismo tiende a empaquetar como activo comercializable todo lo escaso. Sea lo que sea. Y surgen voces preocupadas. “El agua es un bien básico para la vida y por tanto un derecho humano, no un activo de mercado. Su propiedad, dotación, gestión y asignación deben quedar en manos públicas y fuera del ámbito de la especulación, como ya está empezando a suceder”, critica Carlos Martín, director del Gabinete Económico de Comisiones Obreras. “La iniciativa privada no tiene incentivos para proveer un bien básico y reducido de manera universal y al precio más barato posible, sino que, por el contrario, intentará elevarlo concentrando el mercado, capturando al regulador o, simplemente, atendiendo solo a la demanda con más poder adquisitivo y exigiendo compensaciones al contribuyente para atender a la población “no rentable”. Nada de eso es lo que el mundo quiere cuando abre el grifo.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Industria automovilística en España. Diario El País

El gran superviviente calienta motores

La industria automovilística española, lista para espolear la recuperación



Instalaciones de la factoría de Ford en Almussafes (Valencia). / Carles Francesc
De un tiempo a esta parte es rara la semana que no se organiza algún evento relacionado con la industria del automóvil en España. O varios. Una industria empeñada en convertirse en ejemplo a seguir por el resto de las principales actividades económicas que podrían contribuir de manera notable a sacar el país de la profunda recesión económica que atraviesa. Y lo cierto es que se trata de los pocos sectores que ha sabido no solo capear el temporal, sino aprovechar las dificultades para fortalecerse.
A juzgar por las palabras del presidente de Ford España, José Manuel Machado, pronunciadas la semana pasada en el encuentro que organiza anualmente el IESE en Barcelona, no solo hemos iniciado ya el camino de la recuperación, sino que ya en 2017 España habrá recuperado unas ventas de un millón y medio de automóviles en el mercado nacional, lo que supondría duplicar las previstas para este año, de unas 715.000 unidades. Y aunque las afirmaciones de Machado han sido matizadas posteriormente por la mayor parte de sus colegas, con un menor grado de optimismo, sí que reconocen el crecimiento paulatino a partir de este ejercicio que podría llegar a unas ventas de 800.000 automóviles en 2014 y acercarse a la velocidad de crucero de 1,2 millones, más en consonancia con el resto de los grandes indicadores económicos en una situación normalizada.
De cualquier manera, parece evidente que nos encontramos ante un cambio claro de tendencia. Al aumento del 28% de las ventas en el mes de septiembre le ha seguido un 34,4% en octubre, lo que supone un crecimiento acumulado del 1,1% durante los 10 primeros meses del año. Una evolución positiva desconocida en el último trienio y basada en gran parte en los sucesivos planes de ayuda a la compra (Pive), que ya van por su cuarta edición. Y que según el Ministro de Industria se mantendrán mientras sean rentables, afirmación semejante a la del presidente del Gobierno, para quien lo importante es que sean compatibles con los Presupuestos Generales del Estado.

Más del 90% de la producción española se destina a la exportación
Los representantes de la Administración se han declarado últimamente fieles defensores del carácter ejemplar de una industria que ha sido capaz de atraer unas inversiones de 3.500 millones de euros en apenas un año y espera concretar otros 1.500 durante los próximos meses, para la renovación de los modelos actuales, con lo que se asegura la vida de las plantas afectadas al menos durante el próximo lustro.
Este año se fabricarán en España 2,2 millones de automóviles, una cifra que se incrementará hasta 2,4 millones en 2014, de los que se destinarán a la exportación cerca de 2,2 millones, según los cálculos de la patronal Anfac. Su presidente, Mario Armero, no se cansa de repetir: “El país que saldrá de la crisis será muy distinto al del año 2007”, por lo que es el momento de poner los cimientos a una “economía de crecimiento inteligente, ya que el final de la esperada recuperación económica no nos devolverá a donde estuvimos, sino a un nuevo modelo productivo”.
Un modelo en el que no deberían ser importantes los planes de ayuda, pero que, como reclama el director general de Opel en España, Enrico de Lorenzi, sí requiere un plan estructural en el que se aborden temas como los costes energéticos, el endurecimiento de las inspecciones técnicas (ITV), unos impuestos más en consonancia con los niveles de contaminación…
Según Armero, la automoción ha demostrado una capacidad extraordinaria para adaptarse a la economía globalizada en la que vivimos. “Nuestros productos están preparados para aprovechar la inercia de crecimiento del comercio mundial, 2.5% según la OMC, pero 5% de aumento en el comercio mundial de automóviles”.
Más del 90% de la producción española de automóviles se destina a la exportación, aunque son constantes también los requerimientos continuos de los responsables de las plantas instaladas en España de la necesidad de un mercado nacional fuerte para consolidar el denominado efecto sede, importante a la hora de decidir nuevas inversiones. “En igualdad de condiciones, las decisiones se toman con el corazón y no tenemos muchos corazones fuera”, recordaba Jaime Revilla, presidente de Iveco España, en el encuentro organizado por el IESE y la consultora KPMG.

Hay que cambiar el modelo de negocio, la crisis ya se ha llevado 50.000 empleos directos
Un encuentro en el que bastó que el presidente de la patronal de los concesionarios, Faconauto, recordara su frustración con la Ley de Distribución, para que le llovieran los tirones de orejas durante los días siguientes, previos a la celebración de su congreso anual, en el que recordó su convencimiento de que han de ir “todos de la mano”. En sus declaraciones anteriores, Jaume Roura señalaba, “sin ánimo de crítica”, porque, entre otras cosas, “se necesitan gallinas para poner huevos”, que la actividad de los concesionarios triplica en número de empleos a la de los fabricantes y que el mantenimiento de la ley “en la nevera” les había dejado sin seguridad jurídica.
El presidente de Faconauto está convencido de que no se entendió la ley en su momento. “No queríamos devolver los coches, solo llegar a un acuerdo con la facturación de los no pedidos”, lo mismo que con el descuento de las campañas de promoción que no habían promovido. La primera reacción, instantes después, fue del presidente de Anfac, Rafael Prieto, asistente al encuentro, mostrando su extrañeza por esas declaraciones de una entidad que ha manifestado su disposición a solucionar sus diferencias en el Comité de Diálogo, creado con este propósito. Aunque a decir verdad, desde la sustitución del anterior presidente de esta institución hace unos meses, su ineficacia resulta más que evidente.
Según Roura, hay que cambiar el modelo de negocio, la crisis ya se ha llevado 50.000 empleos directos y los concesionarios, pymes en su mayoría, no pueden “permanecer en pérdidas constantes”.
Unas pérdidas que se habían visto agravadas en los últimos tiempos por el desvío a los talleres independientes de gran parte de la facturación del negocio postventa, en el que se habían refugiado por las pérdidas en las ventas de automóviles nuevos.
Pero la situación parece que también ha tocado fondo en el ámbito de la distribución a juzgar por las declaraciones de los seis directores o consejeros delegados de grandes marcas participantes en el congreso de Faconauto —Renault, Peugeot, Volkswagen, Seat, Volvo y Toyota—, algunos de los cuales señalaron que su red registraba ya resultados positivos y el resto los alcanzaría en el próximo ejercicio.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Nuevas industrias. El Confidencial diario digital

LA SILENCIOSA CARRERA DE LA INNOVACIÓN

Las diez tecnologías con más potencial económico para 2025



Siendo realistas, podemos añadir una condición a la cita según la cual las utopías de hoy son las realidades de mañana: cuando a las multinacionales les interesa. En tecnología y ciencia, también hay utopías, pero las grandes corporaciones también pueden trabajar en su contra para seguir explotando sus modelos de negocio presentes.
Por ejemplo, existen empresas petrolíferas que compran patentes de energía solar para evitar que salgan al mercado. Como afirmó el propio Barack Obama, la nación que tiene el control energético tiene el control del planeta.
No obstante, el progreso tecnológico es imparable, y las multinacionales conocen de primera mano la información sobre las tecnologías que están llamadas a cambiar paradigmas y, sobre todo, generar negocio.
Tecnologías disruptivas
Según la definición de Clayton M. Christensen, quien acuñó el término en los 90, una tecnología es disruptiva cuando causa una ruptura radical en el mercado mediante un modelo de innovación donde no hay competencia.
Desde una perspectiva empresarial, en la última década se han considerado como ejemplos radicales de innovación las siguientes compañías: en el sector web, Google; en informática, Apple; en telecomunicaciones, Skype; en videojuegos, Zynga; en entretenimiento, Netflix; y en el campo de la fabricación, Tata.

En la actualidad, se sigue trabajando en campos potencialmente disruptivos a largo plazo, como la conquista del espacio o la computación cuántica, pero el Instituto Global McKinsey ha presentado una lista con las tecnologías que marcarán la hoja de ruta de las multinacionales en los próximos años, en este caso atendiendo a su valor económico.
Las conocemos todas, aunque la mayoría no han hecho más que presentar sus credenciales. Suelen aparecer en los medios de comunicación, aunque en muchos casos de forma anécdotica y aislada. Según una visión global, pronto generarán billones de euros. A continuación, los ordenamos según el potencial global de su volumen de negocio anual en 2025.
1. Internet móvil (11 billones de euros)
No es una anécdota. Lo vemos a nuestro alrededor: los dispositivos de nueva generación han cambiado los hábitos de consumo. Nos conectamos a internet desde teléfonos inteligentes y tabletas: el cambio es para siempre. En 2011, una encuesta realizada por Nokia mostraba que el 20% de los consumidores deseaba cambiar su conexión de banda ancha en el hogar por una tarifa de internet móvil.
Hoy, la cuota de mercado ha aumentado. Las compañías lo saben, y el 4G sólo es el último eslabón de una cadena de innovaciones ideada, también, para facturar más. La explotación económica de la conexión a internet en los mercados emergentes sólo es una pequeña porción del pastel más jugoso de todos. Primero se crea la necesidad; después, el mercado.
2. 'Software' del conocimiento (7 billones de euros)
Los trabajadores del conocimiento, aquellos que desempeñan funciones cuya base es el pensamiento, la creatividad y la asociación multidisciplinar de ideas para superar retos y resolver problemas, son la base del sistema actual. Sin embargo, los sistemas de software avanzados serán capaces de tomar decisiones y aplicar metodologías de forma mucho más diligente y eficiente que los seres humanos.
Los sistemas de 'software' avanzados serán capaces de tomar decisiones y aplicar metodologías de forma mucho más diligente y eficiente que los seres humanosPor ejemplo, programas de ordenador que emiten diagnósticos médicos en función de patrones, como Watson. O sistemas informáticos capaces de registrar y evaluar millones de datos de voz para detectar terroristas, sin mediación humana, como Agnitio, la única empresa española citada en los archivos de Wikileaks.
3. Internet de las cosas (6 billones de euros)
Se bautizó, quizás con una fórmula demasiado infantil, a partir de un concepto del MIT de finales de los 90. Los medios de comunicación se han acostumbrado a ofrecer versiones muy blandas de este tipo de tecnología, obviando su valor económico.
Se trata de una tecnología potencialmente disruptiva por su razón de ser: mejorar el bienestar de la vida humana conectando mediante redes inteligentes los objetos que nos rodean, tanto para obtener información como para ejercer control remoto. Conductismo puro.
No sólo cuenta con aplicaciones en la vida cotidiana. La empresa española Libelium y sus sensores para detectar radioactividad, claves en la gestión de la crisis de Fukushima, ejemplifican el alcance de este tipo de tecnología. De momento, el crowfunding es el reino del internet de las cosas.
4. Tecnología de la nube (6 billones de euros)
Es una tecnología estructural porque tiene por objeto la información en sí. Más bien, una nueva forma de almacenarla y gestionarla. Su potencial económico tiene que ver con el valor de estos bits. Basta con teclear en Google las palabras clave sector + nube para hallar una riada de noticias y ejemplos. Las pymes, la banca, los videojuegos, los gobiernos, las universidades, los hospitales, las aerolíneas. Hasta The Pirate Bay se ha subido a la nube, en ese caso para despistar a las autoridades.
Las pymes, la banca, los videojuegos, los gobiernos, las universidades, los hospitales, las aerolíneas. Hasta The Pirate Bay se ha subido a la nubeSin embargo, la nube ofrece más oportunidades de negocio que el almacenamiento y la gestión de información. Por ejemplo, y en ese sentido está vinculada al internet de las cosas, es posible controlar el gasto de luz, agua y gas de una empresa o un hogar mediante tecnología cloud computing, un servicio que en España ofrece la compañía C3M.
5. Robótica avanzada (4,5 billones de euros)
Sector clave para entender las nuevas estructuras productivas, donde la automatización del trabajo es esencial para mantener la productividad de las empresas. No hablamos de androides de ciencia ficción, sino de autómatas con una inteligencia artificial lo suficientemente desarrollada como para realizar de forma programada misiones repetitivas.
Hoy por hoy, teniendo en cuenta los altos costes de esta tecnología, solo las grandes empresas se pueden permitir la inversión. Dos ejemplos: Amazon y su apuesta por la startup Kiva Systemscuyos autómatas han hecho multimillonario a Jeff Bezos; Foxconn, el alma productiva de Apple, que implementará en sus plantas de producción un millón de androides en 2014.
A medida que los precios se reduzcan, la robótica avanzada se democratizará. Primero serán las pymes las que accedan a ella, como muchas están haciendo a través de robots como Baxter. Después, vendrán los usuarios. Un dato: España es el tercer mercado europeo de robots de limpieza, un mercado de 80 millones de euros.
6. Vehículos autónomos (2 billones de euros)
Existen movimientos, como la reciente alianza de Nokia y Mercedes-Benz para crear un sistema avanzado de conducción autónoma. Algunos hablan de burbuja eléctrica pero, por su parte, Tesla Motors, una de la compañías del momento por su potencial de crecimiento -a pesar de su juventud, el valor de sus acciones supera ya a PSA Peugeot-Citroën o al Grupo Fiat- ha llegado a un acuerdo con Google para desarrollar el primer coche eléctrico autónomo. No se descarta una compra.
Es una tendencia. Si en la actualidad estamos viviendo la edad de oro de las tecnologías como Waze, el GPS gratuito adquirido el pasado mes de junio por Google, que está creando una especie de monopolio global en cuestión de mapas, en los próximos años las tecnologías de navegación se refinarán aún más, prometiendo una competitiva carrera de innovación.
Su potencial disruptivo es enorme, sobre todo en el transporte de mercancías. Hace unos días, sin ir más lejos, una empresa china anunció que están fabricando drones para entregas a domicilio. Nissan habla de 2020 para la comercialización de sus primeros modelos autónomos. Volvo, de 2014. En España, no hay proyectos industriales: sólo el caso de Platero, del CSIC, que en realidad era un Citroën C3 tuneado.
7. Genómica avanzada (2 billones de euros)
Es una de las más interesantes ciencias modernas, por la gran cantidad de técnicas y conocimientos que combina: matemáticas, bioquímica, informática... En esencia, el objetivo de esta rama de la biología es comprender los genomas, y sus aplicaciones en el campo de la medicina están aún por explotar.
Los avances en genómica son claves para el estudio y tratamiento de las enfermidades herediarias. También para la fabricación de fármacos más efectivos. Desde el punto de vista tecnológico, la utilización de ordenadores cada vez más potentes al servicio del análisis de datos biológicos está permitiendo logros relevantes como el de la firma española Plebiotic, un caso de éxito en el uso de técnicas de dinámica molecular por ordenador para diseñar medicamentos.
Los avances en genómica son claves para el estudio y tratamiento de las enfermidades herediarias. También para la fabricación de fármacos más efectivosLa cara B del negocio es la especulación de las farmaceúticas con las patentes de genes, con casos despreciables, aunque el Tribunal Supremo de EEUU prohibió estas prácticas en junio. En España, la biotecnología médica sufre la crisis: los grandes grupos farmacéuticos crecen, pero las startups centradas en la investigación y el desarrollo de productos biomédicos pierden empleo, facturación e inversión en I+D, según el informe de la Asociación Española de Bioempresas (Asebio) de 2012.
8. Almacenamiento de energía (1 billón de euros)
La investigación de nuevas técnicas y dispositivos capaces de almacenar energía de forma más eficiente será relevante en la próxima década. Su progreso corre en paralelo al estudio de las energías renovables y los nuevos materiales, como el dióxido de titanio.
Más allá del internet móvil y los dispositivos inteligentes de nueva generación, su impacto económico se relaciona con la irrupción de los vehiculos eléctricos e híbridos, la generalización de nuevas técnicas de generación distribuida de energía y la expansión de las smart grid, redes eléctricas inteligentes de distribución y consumo de energía que permitirán al usuario gestionar su propia demanda.
9. Impresión en 3D  (1 billón de euros)
La fabricación aditiva, madre de la impresión 3D, es un concepto con cierto recorrido que los expertos llevan años bautizando como la próxima revolución industrial. Pero una transformación tan radical es improbable que ocurra en los hogares, a pesar de las cifras apabullantes del sector de las impresoras: desde 2008 a 2011, creció un 346% de media cada año, y en 2012 un 46%.
La revolución ha de producirse en los grandes procesos industriales. De momento, el 28% de los 2.204 mil millones dólares que generó el sector global de la fabricación aditiva en 2012 fueron invertidos en productos finales, no en prototipos. En España, sólo hay una empresa bien situada en el sector industrial de la impresión 3D: Prodintec.
De momento, según el último informe Wohlers, el 38% de las instalaciones de fabricación aditiva del mundo están en Japón, seguido de EEUU (9,7%), Alemania (9,4%) y China (8,7%).
10. Nuevos materiales (1 billón de euros)
Son incontables, pero muchos se quedan en el camino ante la imposibilidad de su aplicación industrial. Pertenecen al territorio de la ciencia básica, donde los investigadores se afanan en buscar aplicaciones patentables, buscando a continuación un socio comercial entre las multinacionales para su uso comercial.
De momento, se encuentran en la cola de la lista porque ninguna multinacional ha encontrado el modo de producir a gran escala, y con los mismos costes, sus productos con un material avanzado. El nuevo plástico o el nuevo silicio aún no existen para el gran mercado, y ni siquiera a muchos les interesa que aparezcan, pero las inversiones en I+D para la fabricación de prototipos, en el caso de la tecnología informática, son suficientes para mantener su valor económico.

viernes, 8 de marzo de 2013

Industria automovilística española. Diario El País

España sale de la lista de los diez mayores fabricantes de automóviles del mundo

Tailandia, Canadá y Rusia pasan por delante en el 'ranking' de producción de 2012

Las plantas españolas se mantienen en el puesto 'número dos' de la Unión Europea

El sector pide más medidas para garantizar la competitividad de las 17 plantas

Madrid7 MAR 2013 - 13:05 CET


Cadena de montaje de General Motors en Figueruelas. / EFE
La industria española del automóvil se ha caído de la lista integrada por los diez mayores fabricantes del mundo. Tailandia, Canadá y Rusia han adelantado a España en este ranking, según los datos correspondientes a 2012 publicados este jueves. Con menos de dos millones de coches producidos por primera vez desde 2000, el sector español consigue mantenerse, por la mínima, en el segundo puesto de la UE. La patronal del sector, Anfac, advierte de que, pese a que se han incrementado las inversiones en los últimos meses, hay que tomar medidas para garantizar la competitividad de las 17 plantas españolas.

‘Top 15 mundial’

  1. China
  2. Estados Unidos
  3. Japón
  4. Alemania
  5. Corea del Sur
  6. India
  7. Brasil
  8. México
  9. Tailandia
  10. Canadá
  11. Rusia
  12. España
  13. Francia
  14. Reino Unido
  15. República Checa
La producción cayó un 16,6% el año pasado, hasta las 1.979.103 unidades, nivel similar al de Francia, que se coloca por detrás de España en la lista europea por muy poco. El principal fabricante de la UE sigue siendo, con diferencia, Alemania, con más de cinco millones de coches. En el mundo, la fabricación superó los 84 millones de vehículos, un 5,3% más que en 2011. China es el primer productor, seguido de Estados Unidos, Japón, Alemania y Corea del Sur. La segunda mitad del top 10 la integran India, Brasil, México, Tailandia y Canadá. España queda relegada al puesto 12º, por detrás de Rusia, y por delante de Francia, Reino Unido y República Checa.
La crisis económica en Europa, donde se encuentran los principales mercados de la industria del automóvil instalada en España, está pasando factura al sector. En 2012, solo se vendieron 699.589 turismos, un 13,4% menos que el año anterior y una cifra muy similar a los 689.076 coches que salieron de los concesionarios españoles en 1986. Aunque más del 80% de lo que se produce en España se exporta, el descenso de las ventas en territorio nacional afecta también a la producción. "La lucha mundial por atraer inversiones productivas e industriales es constante", advierte Anfac en un comunicado. "A pesar de las nuevas inversiones anunciadas recientemente, no podemos caer en la autocomplacencia; el futuro no está asegurado", añade.
El año pasado las multinacionales del automóvil invirtieron en España entre 1.500 y 2.000 millones de euros. La última en anunciar una inversión, de 130 millones, fue la japonesa Nissan, que hace unas semanas confirmó que fabricará a partir de 2014 un nuevo turismo en España. Muchas de estas inversiones se han logrado gracias a la flexibilidad laboral que caracteriza el sector, además de que en los últimos meses ha habido en España una bajada de los costes laborales. "Es necesario tanto converger en competitividad, como la necesidad imperiosa de atraer capital productivo para volver a crecer de forma sostenida", indica Mario Armero, vicepresidente ejecutivo de Anfac.
La patronal presentó en noviembre pasado un ambicioso plan para elevar la producción de coches hasta los tres millones al año. Se trata de un paquete de cien propuestas con ayudas a la compra, mejoras logísticas y la eliminación del impuesto de matriculación para incrementar la productividad y dar un impulso al negocio. Estas medidas, que requieren una inversión pública cercana a los 500 millones de euros y, que de ponerse en marcha, empezarían a dar frutos en 2015, harían crecer el producto interior bruto (PIB) un punto porcentual y crearían 73.000 empleos, según sus cálculos.
De momento, la medida tomada por el Gobierno más visible han sido los planes PIVE, que contemplan ayudas para la compra de coche, y otro plan para renovar vehículos comerciales.

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