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martes, 4 de mayo de 2021

Ciudad Lineal. El proyecto higienista de Arturo Soria en Madrid. El Confidencial

 

La piqueta amenaza Ciudad Lineal: en riesgo el legado de un genio del urbanismo

En 1894, el urbanista Arturo Soria puso en marcha un proyecto visionario en el que primaban los espacios verdes. Hoy, sus casas de principios de siglo están en vías de demolición

placeholderFoto: La casa derribada en López de Hoyos 370.
La casa derribada en López de Hoyos 370.

Cuando sales de la boca del metro de Arturo Soria, se oye el trino de los pájaros. A solo unos metros circulan los coches, pero en este barrio al noreste de la capital el arbolado les hace una fiera oposición. Los cedros, robles y pinos, muchos de ellos centenarios, absorben pitidos y rugidos de motor. De alguna manera es lo que deseó su creador, el urbanista Soria, cuando presentó el proyecto de Ciudad Lineal en el Ateneo en 1882: un lugar en el que primara lo verde —se plantarían 30.000 árboles—, donde hubiera más espacio para las personas que para la locomoción, con comercios cercanos, y donde todo el mundo tuviera su propia casa “con huerto y jardín”, conectada con el centro mediante el tranvía. En definitiva, una ciudad ecologista y de proximidad, palabras que más de un siglo después no nos quedan tan lejos, sobre todo en estos tiempos de pandemia. Le llamaron visionario. Ni el ayuntamiento ni el Gobierno le dieron un duro, pero consiguió sacar adelante 5,3 kilómetros de los 48 proyectados. No está mal para una utopía.

Hoy, sin embargo, este diseño urbanístico, innovador para su época, corre peligro. Así lo denuncia la Asociación Cultural Legado Arturo Soria, creada en octubre de 2019 por arquitectos, urbanistas, historiadores, ingenieros y demás personas interesadas en el barrio, con el fin de preservar este proyecto, crear un museo sobre cómo se llevó a cabo y evitar que muchos de los hotelitos que se construyeron hace un siglo —los había de lujo, pero también de clase media y para la clase trabajadora— pasen por la piqueta, como está ocurriendo en los últimos tiempos. De hecho, hace solo unas semanas cayó el que había en Lopez de Hoyos 370. “Son casas que no están protegidas. Y son de particulares, por lo que, con la ley en la mano, pueden hacer lo que quieran con ellas”, se lamenta Cristina Keller, que está al frente de la asociación, que ha planteado ya varias alternativas tanto al ayuntamiento como a la comunidad. “Se está devaluando el valor patrimonial a favor de la especulación y estamos borrando la historia”, añade.

 

placeholderLo que queda del hotelito de López de Hoyos 370.
Lo que queda del hotelito de López de Hoyos 370.

Paseamos por las calles en las que se encuentran algunas de estas casas que están en riesgo de demolición. Como la que hay en Ulises, 1, que hoy pertenece a una orden religiosa. Todavía queda la puerta original y los muros típicos. “Es muy posible que la tiren puesto que ya han tirado las de alrededor”, manifiesta Keller. En Belisana 9, aunque se construyó algunas décadas después del proyecto original, una casita se mantiene en pie, “pero también sabemos que está en la lista de las que van a caer”. De la que no hay ninguna duda es de la que hay en Arturo Soria, 188: ha desaparecido el tejado, las ventanas están abiertas, su aspecto es ruinoso. “Es lo que suelen hacer, las dejan, y como no están protegidas, las tiran, se vende el terreno y se construye otra cosa”, sostiene Keller. Y por esa cadena de acontecimientos pasan unos cuantos millones de euros.

placeholderSin tejado y con las ventanas abiertas y rotas, así está esta vivienda en ruinas.
Sin tejado y con las ventanas abiertas y rotas, así está esta vivienda en ruinas.

“De todas maneras, ya ni aunque estén protegidas. En 1985 se tiró Villa Fleta, que estaba protegida”, comenta. Era una casa de principios del XX, de las primeras que se construyeron. Primero se llamó Villa Filomena y después la compró el tenor Miguel Fleta, que con el tiempo se convertiría en ferviente falangista. Se encontraba a la altura de Arturo Soria, 265 y fue un centro de encuentro de la cultura madrileña. Hoy no quedan ni los recuerdos, como ocurre con Villa Sol, Villa Marichu o Villa Rosita, algunas de las casas que ya solo aparecen en alguna foto vieja.

 

Sin embargo, Keller insiste en que sería posible su salvación. De hecho, ha ocurrido con otras construcciones que no se han convertido en una montaña de ladrillos y piedras. Ahí está Villa Rosario, en Arturo Soria, 65, que era una vivienda de lujo que se rehabilitó y hoy aloja la oficina de la sección cultural de la Embajada de China. O Villa Sotera, en Vizconde de los asilos, 5, otra vivienda de lujo en la que hoy se encuentra la Fundación Psicoballet Maite León. También se mantiene la vivienda lujosa que hay en la esquina entre General Aranz y la calle Lombillo. Y, por supuesto, Villa Rubín, en Arturo Soria 124, que fue la vivienda del urbanista y que hoy aloja dependencias oficiales de la Comunidad de Madrid.

placeholderVilla Rosario sigue en pie, ejemplo de que se puede rehabilitar y utilizar para otros usos.
Villa Rosario sigue en pie, ejemplo de que se puede rehabilitar y utilizar para otros usos.

El proyecto de un revolucionario

El proyecto de Ciudad Lineal, no obstante, abarcaba mucho más que las viviendas. Y desde la asociación también creen que el propio diseño está en riesgo, puesto que, según explican, las normas de su construcción se respetan cada vez menos. “Era un proyecto humanista que se hizo en una época en la que Madrid estaba hacinado, había epidemias y muchas desigualdades. La difteria, el cólera se expandían fácilmente y había una altísima mortalidad infantil”, explica Keller. Un Madrid que Benito Pérez Galdós retrató muy bien en novelas como ‘Misericordia’. “Y este era un proyecto higienista con casas soleadas, arbolado, aire puro, bien ventilado”, añade. También nos suena bastante esto ahora.

 

"Era un proyecto humanista e higienista con casas soleadas, arbolado, aire puro, ventilado"

 

El historiador de arquitectura Pedro Navascués tiene varios artículos en los que cuenta cómo se llevó a cabo este diseño urbanístico que se pensó para una zona en la que a finales del XIX solo había eriales que pertenecían a aristócratas y personas muy adineradas. Por aquel entonces, Madrid estaba en pleno crecimiento. Se había puesto en marcha la construcción del barrio de Argüelles, el de Salamanca para las clases pudientes y el de Pacífico para las clases más bajas con las casas baratas de La Constructora Benéfica que costeaban la Casa Real, el Banco de España y el Ayuntamiento de Madrid. Por curiosidad hoy quedan dos en pie en la calle de la Caridad (números 26 y 28).

 

Pero la ciudad pedía más —la emigración desde el sur no dejaba de aumentar— y salieron dos ideas: la construcción de la Gran Vía y la Ciudad Lineal de Arturo Soria.

Foto: Urbanismo de la Ciudad Lineal.

Esta última se consideró poco menos que una locura. El planteamiento de Soria, quien, por otro lado, era un hombre que siempre se había movido en ambientes bastante revolucionarios y radicales, era crear una vía de circunvalación, que hoy podría asemejarse bastante a la M-30, por la que pasara el tranvía y a ambos lados jardines y viviendas independientes de tres alturas como máximo. Las casas solo podrían ocupar una quinta parte de la parcela —el resto debía ser para un huerto y para la cría de animales domésticos— y debería haber cinco metros entre el muro del solar y la propia vivienda, lo que llamó el retranqueo. “Para cada familia, una casa; en cada casa, una huerta y un jardín”, fue el reclamo publicitario, a la contra de las viviendas comunitarias del centro, que para Soria eran aglomeraciones de miseria (y, sobre todo, muy poco higiénicas).

 

Arturo Soria es la segunda calle más grande de Madrid después de la Castellana, pero la sensación no es la misma que en Serrano

 

La calle del tranvía —lo que hoy es Arturo Soria— ocuparía 40 metros, divididos en el espacio para el transporte —de ida y vuelta—, cinco metros para los peatones a cada lado y otros cinco metros, también a cada lado, para carros y bicicletas. Así se construirían 48 kilómetros y podrían vivir 30.000 personas. En la actualidad no es exactamente este proyecto, pero es la segunda calle más grande de Madrid (5,3 kilómetros), después de la Castellana (seis kilómetros), y la sensación que tiene el peatón no es la misma que la de una calle Velázquez, Serrano o Acacias, llenas de ruido y humo.

placeholderEste era el proyecto original de Ciudad Lineal.
Este era el proyecto original de Ciudad Lineal.

Ningún organismo público quiso apoyar esta idea, por lo que a Soria le tocó convencer uno a uno a los posibles inversores y buscarse la vida por su cuenta. En 1894 creó la Compañía Madrileña de Urbanización (CMU), de la cual sería el director. Era la empresa encargada de comprar los terrenos, montar el tranvía, llevar el agua y la luz y construir las manzanas a ambos lados de una calle que sería indefinida. Ese mismo año colocaron la primera piedra en el Camino de la Cuerda, que pertenecía al pueblo de Canillejas, y asistieron el arzobispo-obispo de Madrid-Alcalá, José María de Cos, los alcaldes de Canillejas y Canillas y de otros pueblos colindantes, ya que las obras potenciaron mucho el empleo en la zona. Al principio muy poca gente se fio, pero para 1897 ya había hasta 600 accionistas —también le apoyaron mucho los profesores, principalmente los que creían en el krausismo y en la Institución Libre de Enseñanza— y, poco a poco, los más pudientes que habían invertido allí y los que habían vendido terrenos porque creyeron en el diseño, se trasladaban a pasar el verano en las nuevas villas que aparecían en cada manzana. En 1905 todos los accionistas de la CMU decidieron que la calle del tranvía se pasara a llamar como su director, Arturo Soria, mientras que las perpendiculares fueran de los inversores (un 12% fueron mujeres). Y así está en la actualidad.

Parque de diversiones, teatro, velódromo

El diseño de Soria era muy moderno porque incluía elementos en los que por aquel entonces ni se pensaba. Incluso se hacían festividades que se podrían considerar hippies, como la fiesta del árbol que consistía en plantar semillas y esquejes —de los que hoy son grandes troncos— y también había especial atención a los animales. Se llegó a poner en marcha una cooperativa de consumo para que los productos salieran más baratos que en el centro de la ciudad. Se construyeron viveros —hoy queda el de la familia Bourguignon, aunque este llegaría en la década de los treinta— y también los quioscos como el árabe, que servían de parada de tranvía, de puesto de vigilancia, de puesto telefónico (cuando nadie tenía teléfono) y de merendero. No es la campaña de ningún partido político, fue hace más de un siglo.

placeholderParque de diversiones de Ciudad Lineal hacia 1912.
Parque de diversiones de Ciudad Lineal hacia 1912.

Enfrente de la casa de Soria se construyó un Teatro-Escuela, un frontón, un restaurante y un parque de diversiones en el que había juegos de tiro de pistola y carabina, bolos americanos, un teatro de títeres, tiro al blanco, un tobogán gigante y lo que se llamaba la máquina voladora. En el teatro se hacían espectáculos de luchas grecorromanas. Al lado había un velódromo y hacia la calle López Aranda una plaza de toros. Entre 1910-1912 fue su época de mayor esplendor. Se hacían fiestas, se construían colegios. Pero el fin comenzaría en 1914 con una guerra. Hoy de todo esto ya no queda nada más que viviendas, oficinas y un concesionario.

 

“En la I Guerra Mundial España no participó, pero afectó mucho porque había menos suministros de todo. La Ciudad Lineal seguía en construcción, pero la CMU se declaró en suspensión de pagos. Además, como ya se veía por dónde iba a ir el proyecto, muchos de los dueños de los terrenos empezaron a vender más caro. La propia familia de Soria vendió algunas villas para pagar a los acreedores. Pero Soria ya estaba mayor y aunque quería seguir no fue fácil”, explica Cristina Keller. Por ejemplo, aunque se daban facilidades de pago a veinte años no compraron viviendas tantos trabajadores como se pretendía, en gran parte por la inestabilidad del trabajo. “Y nunca hubo dinero público”, ataja Keller. Todo lo contrario que ocurrió con otras colonias como la de Cruz del Rayo, al lado de El Viso, apoyada por organismos públicos desde el principio, a finales de los años veinte, y protegida desde finales de los setenta.

placeholderEl velódromo, convertido en campo de fútbol en 1923.
El velódromo, convertido en campo de fútbol en 1923.

En 1920 moriría Arturo Soria y su proyecto de los 48 kilómetros de ciudad ecologista se acabó. Las construcciones también irían desapareciendo. El parque de diversiones, el teatro y el frontón acabaron cerrando en 1932 cuando pasaron a manos de la Cinematografía Española Americana (CEA), la productora de los hermanos Álvarez Quintero, que convirtió todo en platós y que estaría en funcionamiento hasta 1966. En 1950 se construyó allí el famoso puente de la CEA por el que debajo pasa la A-2. El velódromo pasó a ser el campo de fútbol en el que jugó el Real Madrid en 1923 hasta la construcción del estadio de Chamartín; luego fue el del equipo Plus Ultra.

 

Con el paso del tiempo, sobre todo a partir de los años treinta, las ideas de Soria se desvirtuaron. Las viviendas dejaron de tener ese espacio de cinco metros de retranqueo, se construyeron edificios de más de tres alturas, se empezaron a vender algunas de las villas y se especuló con sus terrenos, se reformó la calle y llegaron los coches. A día de hoy, no obstante, todavía pervive el ideal de un tipo que ciertamente fue un visionario. Quedan la arboleda, quedan algunas de las villas y quedan esos espacios que muestran que todavía es posible una ciudad a escala humana. “Y nos están llamando de otras ciudades como Tokio porque quieren copiar el proyecto de Ciudad Lineal, que era eso, una línea indefinida, donde pudieran convivir diferentes clases sociales y tenga esa razón humanista”, señala Keller. Mientras tanto, aquí cada vez se escucha más el ruido de la piqueta.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Ciudad lineal (Madrid) Urbanismo inacabado. El Confidencial

 URBANISMO

Una calle de Madrid que llegue a Moscú: la utopía de Arturo Soria en Ciudad Lineal

Con idea de resolver los problemas sociales de la época, Arturo Soria concibió en el siglo XIX un proyecto de ciudad sin límite, que llegaría hasta Pekín o Moscú. Esta es su historia

Foto: Urbanismo de la Ciudad Lineal.
Urbanismo de la Ciudad Lineal.

Si hay un distrito en Madrid que llama la atención por su peculiaridad es, sin duda, Ciudad Lineal, el proyecto de Arturo Soria. De una manera utópica, que nunca llegó a poder realizarse, Soria pretendía crear una verdadera ciudad lineal ideal, que recorrería Europa (e incluso el mundo) y sería nexo de ciudades puntuales, yendo hasta San Petersburgo o incluso Pekín.

Para Soria, la escasez de viviendas para obreros, la escasa higiene de las mismas y el precio del suelo eran los principales problemas de Madrid durante el siglo XIX. Contrario como era a la planificación ortogonal, propuso esta ciudad lineal en donde una calle principal que podía no tener límite (de ahí que llegara hasta Pekín) en función de las necesidades, sirviese de eje de comunicación, con calles paralelas donde se enlazasen las viviendas, unifamiliares y con jardín, en un estilo americano. En consecuencia, su propuesta trataba de corregir el problema de hacinamiento de la clase obrera española, de acuerdo con los principios higienistas de la época. Además, se inspiró en las ideas de algunos socialistas utópicos como Owen o Cabet, o de urbanistas como Olmsted y Herbert Spencer.

 

La escasez de viviendas para obreros, la escasa higiene de las mismas y el precio del suelo eran los principales problemas de Madrid

 

"Soria propuso un concepto urbanístico que funcionará como ciudad y línea de conexión al mismo tiempo", explica Pablo Gómez, arquitecto y director de Rez Estudio. "Para entender cómo surge un planteamiento como éste debemos ponernos en contexto en el momento en que Arturo Soria en 1886 propuso la idea de Ciudad Lineal. Era un plan urbano pensado para resolver los problemas sociales y la especulación en las ciudades. Era una propuesta de progreso. Tiene precedentes que surgen como respuesta al crecimiento de las ciudades y su relación con la industria y la tecnología. Desde Owen, Fourier, Cabet o Ildefons Cerdà, el objetivo es buscar la forma de resolver la conexión entre la necesidad social y la innovación técnica".

Fotografía cedida por el distrito de Ciudad Lineal.
Fotografía cedida por el distrito de Ciudad Lineal.

En propias palabras de Soria, trataba de ruralizar la vida urbana o urbanizar el campo, consiguiendo que cada familia contara con su propio pedazo de terreno completamente separado de los demás. Su propuesta, por tanto, se alejaba de las características ideas de hacinamiento y recolocación de las clases obreras debido a la falta de espacio (ejemplo de ello, los Banana Flats en Edimburgo, de carácter brutalista, que ya mencionamos en otra ocasión). "Ni sótano, ni buhardilla, ni aglomeración de miserias que en las modernas construcciones benéficas se juntan y procrean nuevas miserias", explicaba en sus escritos.

 

Su idea era unir los núcleos circundantes de Madrid mediante un ferrocarril, uniendo Pozuelo, Carabanchel, Villaverde, Vallecas, Vicálvaro, Canillas, Hortaleza y Fuencarral

 

La Ciudad Lineal, aunque en la periferia, debía estar ligada a un medio de transporte colectivo. Su idea era unir los núcleos circundantes de Madrid mediante un ferrocarril o tranvía, uniendo así zonas tan diferenciadas como Pozuelo, Carabanchel, Villaverde, Vallecas, Vicálvaro, Canillas, Hortaleza y Fuencarral, cerrándose en el Pardo mediante un anillo de circunvalación. El proyecto, aunque llevaba pensado desde 1882, no pudo ponerse en práctica mediante aprobación municipal hasta diez años después.

Para llevar a cabo su idea, Arturo Soria creó la Compañía Madrileña de Urbanización, con la idea de construir un collar de 50 km (que al final solo sería de cinco), y adquirió terrenos en la despoblada zona este de la ciudad. El proyecto se paralizó durante la Guerra Civil Española y, unido esto a la vejez de Soria llevó a que irremediablemente, pese a lo ambicioso, tuviera que conformarse con lo que hoy conocemos. No todo el mundo estaba a favor de la curiosa idea: el escritor Ramón Gómez de la Serna calificó el barrio como "ciudad muerta", por encontrarse muy lejos del núcleo urbano de Madrid. Sea como fuere, sirvió de inspiración posterior para otros arquitectos.

 

El movimiento francés de la ciudad jardín por ejemplo influyó a Le Corbusier en su tesis 'Les trois établissements humains'

 

"El instrumento de crecimiento de la Ciudad Lineal de Arturo Soria y Mata influyó enormemente en propuestas posteriores", explica Pablo Gómez. "El movimiento francés de la ciudad jardín por ejemplo influyó a Le Corbusier en su tesis Les trois établissements humains, y muchos otros emplearon ideas en sus propias propuestas de ciudad lineal, como La ciudad de Metrolinear, de Regunald Malcolmson; el proyecto de Ciudad Lineal de Pampus en Amsterdam, de Jo van den Broek y Jaap Bakema; o la ciudad lineal de Stalingrado, de Nikolai Milyutin, compuesta por franjas paralelas. También se adoptaron influencias de pequeños elementos o partes del sistema que planteó Arturo Soria para experimentar con opciones adicionales. Uno de los ejemplos más directos puede ser la Roadtown de Edgar Chambless".

Frente a la ciudad utópica que se había planteado hasta el momento, en la que la comunidad se alejaba de los problemas sociales, Gómez asegura que Soria planteó una adaptación al desarrollo y una respuesta para la prosperidad de la ciudad y sus habitantes. "Tiene mucho interés en sentido arquitectónico y social analizar este modelo por supuesto, aunque puede entenderse más como algo conceptual, social y urbanístico que como una propuesta posible. Hoy en día nos enfrentamos a grandes exigencias en términos de eficiencia y sostenibilidad y, en ese sentido, la respuesta parece ser habitar la altura, ya que permite aprovechar el espacio al máximo. El concepto de ciudad lineal se está aplicando de ésta manera. Una ciudad lineal que crece en altura, que se conecta y que es a la vez ciudad", concluye.

lunes, 4 de marzo de 2019

Centro de Madrid. Gentrificación. Medidas contra la polución. Diario El País.

Los niños se van del centro de Madrid

El número de familias con pequeños sigue cayendo en el corazón de la capital mientras suben los precios y crecen los turistas y los espacios de ocio, según un análisis de EL PAÍS


Cuando acaba la fiesta en Malasaña, los pequeños surgen como duendecillos que esperaban escondidos al final del estruendo. Son las 8:00 h en el centro de Madrid y decenas de niños caminan de la mano de sus padres en ruta hacia el colegio Pi y Margall por las mismas calles que horas antes llenaban jóvenes atraídos por la vida nocturna de este barrio vendido al mundo como “cool”, la cuna de la movida.
A veces la policía vigila la entrada del colegio, un antiguo convento en una esquina de la plaza Dos de Mayo, famosa por el botellón, una concentración festiva prohibida pero tolerada.
Las calles están cubiertas de carteles de SOS Malasaña, la campaña vecinal que denuncia que el barrio se ha convertido en un parque temático de ocio y turismo. Los vecinos se encuentran “en peligro de extinción”, alertan.
Su campaña es un grito de socorro que resuena en otros barrios de este distrito de 132.352 vecinos, donde según un análisis de EL PAÍS están menguando las familias con niños. Desde 2003, en el distrito Centro los menores de cinco años han pasado de representar un 3,6% de los vecinos a ser un 2,8%, según el padrón de la capital. En 2011, por primera vez en el siglo XXI, el número de niños de menos de cinco años empadronados en el centro cayó por debajo de los 5.000. A día de hoy, son 3.844.Los niños se van del centro de Madrid
El descenso de los niños que viven en el centro no se explica por la caída de la natalidad que afecta a todo el país. De hecho, en Madrid hay más o menos los mismos niños ahora que en 2003, en cifras absolutas y en porcentaje. En 2011 llegaron a ser el 4,9%, y ahora son solo el 4,2%, pero el distrito Centro es donde menos encontramos.
En los barrios del distrito Centro hay mucha más gente entre 25 y 39 años que en el resto de Madrid. Y es así de forma permanente: la pirámide de edad no envejece ni aparecen los hijos, lo que sugiere que las familias se mueven a otros destinos y son reemplazadas por jóvenes.
A juicio de SOS Malasaña y otros vecinos aquí, el éxodo de los padres con niños es una consecuencia de la fiebre por mercantilizar el espacio ideado para vivienda
La ciudad es un sitio para vivir, no para hacer negocio”, dice Jordi Gordon, el activista que lidera SOS Malasaña. Un tsunami de problemas se derivaría de ahí: los desalojos de vecinos que no pueden afrontar las subidas del alquiler, la proliferación de pisos destinados a Airbnb o el cierre del comercio de proximidad para ser sustituido por bares y restaurantes. Estos vecinos sienten que la crisis demográfica se debe a que durante mucho tiempo las autoridades han dado prioridad a los turistas. “Queremos un estatuto que nos proteja como al lince ibérico o al oso pardo”, añade Gordon.
La huida del centro es un fenómeno que también sucede en otras ciudades de Europa y Estados Unidos, donde la prensa cita la subida de las rentas del alquiler como el principal motivo. Durante la ruta al colegio de Malasaña, las familias se cruzan con barrenderos municipales que limpian los restos de la noche. Nada nuevo. Esta zona está acostumbrada al ruido y la suciedad. De hecho hubo épocas peores como la epidemia de heroína de los 80, pero al menos antes Malasaña tenía "una identidad de barrio", una idea que muchos parecen anhelar.
El centro sin embargo tiene ventajas para los que resisten, en muchos casos gracias a que son propietarios y no temen subidas de alquiler. Mientras miles de madrileños sufren los atascos, Teresa de las Cuevas recorre a pie en cinco minutos el trayecto al colegio Pi y Margall, de la mano de sus dos hijos. Agradece que desde diciembre apenas se cruzan con coches por las callejuelas gracias a Madrid Central, las nuevas restricciones al tráfico en el centro.
Vivir en el centro le compensa por la oferta cultural y de ocio. “Es una elección personal”, dice de las Cuevas, enfermera de 40 años y esposa de un músico.
Por esos atractivos, el centro sigue siendo el lugar elegido por muchos veinteañeros y treintañeros. “Si estás soltero Malasaña es un barrio cojonudo, tienes fiesta, teatro, copas, lo tienes todo”, dice Miguel Parrondo, padre de una alumna. Pero esos jóvenes son vecinos en tránsito, que se suelen mudar cuando llegan a la siguiente etapa de sus vidas.Los niños se van del centro de Madrid
Muchas familias eligen nuevos destinos para criar a sus hijos, como prueba el crecimiento del número de niños en distritos menos céntricos de la capital. Ocurre en Hortaleza, El Goloso o Valverde, hacía el norte, y en Arganzuela o Villa de Vallecas, hacia el sur. También hay más niños en muchos municipios de la periferia de Madrid.
Carolina Madruga y su esposa Rocío Rodríguez se fueron de su piso cerca de la plaza de Cascorro hace dos años justo cuando tomaron la decisión de ser madres. "No nos veíamos con una niña ahí, por varios motivos pero lo que desencadenó todo fue cuando nos subieron el alquiler para un Airbnb", dice Madruga, de 34 años. Ahora viven en el distrito de Hortaleza, en el noreste de la capital.
En el colegio Pi y Margall la directora, Teresa Aira, dice que es común que durante el curso los padres anuncien que se mudan porque los caseros les han subido la renta.
El colegio sigue lleno, dice Aira, porque los padres mantienen a sus hijos aún después de mudarse a nuevos destinos en Usera, Vallecas o Getafe. “Es un colegio muy querido”, explica. Igual sucede en otros colegios del centro, donde hay muy pocas escuelas públicas y las que hay son pequeñas, de ahí en buena parte que algunos como Pi y Margall sigan teniendo listas de espera. 
Muchos mantienen a sus niños en el colegio por motivos de trabajo o porque sus abuelos viven cerca”, dice María Nieves García, directora de un colegio en La Latina, el Vázquez de Mella.
Los más veteranos del centro dicen que hace décadas era casi imposible conseguir plaza y ahora les llama la atención que todos los colegios hagan jornadas de puertas abiertas. "Hace treinta años había padres que no conseguían plaza en el distrito", dice Saturnino Vera, presidente de la asociación de vecinos de las Cavas La Latina.Los niños se van del centro de Madrid
Para los vecinos ha supuesto un gran alivio Madrid Central porque ha facilitado algo moverse con carrito de bebé o con niños de la mano. Pero para muchos, sin embargo, los inconvenientes son intolerables. El centro es desde hace tiempo un lugar de fiesta y compras, pero la masificación ha llegado a niveles récord en buena parte como consecuencia del boom turístico. En 2018, Madrid batió una nueva marca histórica de 10,2 millones de visitantes y es muy probable que esa cifra siga creciendo conforme crece el poder adquisitivo en los países en desarrollo.
La aglomeración de población flotante hace que los 5,2 kilómetros cuadrados del distrito Centro (un tamaño ligeramente menor al Peñón de Gibraltar) tengan la mayor densidad humana de Madrid. El barrio más masificado es Sol con un 178% de población flotante sobre el total de población residente, seguido de Cortes, con un 116%, según el Ayuntamiento.




Madrid Central: en tres meses baja un 25% el tráfico en Gran Vía

Vecinos y expertos aprueban la medida estrella de Carmena mientras los comerciantes piden permisos específicos

Una señal informa sobre el área de tráfico restringido Madrid Central. ULY MARTIN
El pasado 30 de noviembre entró en funcionamiento el área de tráfico restringido Madrid Central. Vecinos y expertos aprueban la medida estrella de Manuela Carmena por sus efectos positivos sobre el tráfico y la contaminación, mientras los comerciantes piden permisos específicos para su actividad comercial. El Ayuntamiento destaca que el paso de vehículos por la Gran Vía (situada en el interior de Madrid Central) ha descendido un 25%, mientras que los autobuses de la EMT han crecido un 4,4%. El próximo 15 de marzo entran en vigor las multas, de 90 euros, para quienes accedan al área sin permiso.
Desde el primer momento se ha demostrado que todas las teorías apocalípticas no tenían fundamento. Madrid Central está funcionando bastante bien”, explica Quique Villalobos, presidente de la FRAVM, que aglutina a la mayoría de asociaciones vecinales de la región. “Los vecinos están encantados, han colgado vídeos de calles que antes estaban llenas de coches y por las que ahora se puede cruzar con tranquilidad. Los autobuses han mejorado sus frecuencias, se ha reducido el nivel de ruido de las calles… En términos generales se está cumpliendo lo que se esperaba, una mejora para el funcionamiento de la ciudad”, añade. Villalobos critica que la Comunidad “ha hecho boicot” a la medida no reforzando el servicio de metro, que es su competencia.
Lo confirma Manuel Osuna, presidente de la asociación de vecinos La Corrala de Lavapiés: “Nosotros creemos que está funcionando bien, pero hace falta que se pongan en marcha las multas cuanto antes”, señala. En cuanto a los posibles problemas para bares o comercios, explica: “En Lavapiés no ha cerrado ningún bar ni ningún comercio por Madrid Central. Aquí el problema es la gentrificación, que está convirtiendo en bares todos los puestos del mercado de San Fernando”.
Los ecologistas destacan la mejora en la calidad del aire. “Para nosotros Madrid Central es muy importante porque demuestra que cuando quitas tráfico mejoras la calidad del aire”, explica Juan Bárcena, de Ecologistas en Acción. “La medida está funcionando mejor de lo que se esperaba porque se está respetando a pesar de que todavía no hay multas”. En este sentido, destaca que la estación de la plaza del Carmen, la única en el interior del área, está registrando “una reducción considerable de la contaminación” a pesar de las malas condiciones climatológicas. “Si esta medida se mantiene, podría ser la primera vez que esta estación no vulnere el valor límite anual”. 
Una señal en el suelo informa sobre la entrada a Madrid Central. Una señal en el suelo informa sobre la entrada a Madrid Central. ULY MARTIN
Miguel Álvarez, experto en movilidad de Nación Rotonda, apunta otra idea: “En las calles más pequeñas de Malasaña [dentro de Madrid Central] se ha empezado a ver un uso distinto de la calle por parte de los peatones, que las están haciendo suyas y caminan por la calzada. Es lo que ocurre cuando pasan muy pocos coches”.
El Ayuntamiento constata que la medida “ha supuesto un trasvase del vehículo privado al transporte público”, ya que del 8 de enero al 27 de febrero se ha registrado un aumento de usuarios del 4,4% (2.796.900 viajes más). También ha habido mejoras en la regularidad de los autobuses, reduciendo los tiempos de espera en parada. La zona en la que más se nota el descenso del vehículo privado es Gran Vía, con una disminución del 25,88% en los días laborales. El efecto positivo de Madrid se ha notado también en el perímetro de la zona de bajas emisiones, donde el tráfico ha bajado un 3,79%, mientras que en la M-30 se redujo un 0,55%.

El coche es el nuevo tabaco”

Las restricciones al coche tienen un paralelismo con la ley del tabaco. El automóvil es el nuevo tabaco”, resume David Lois, experto en movilidad urbana, profesor de la UNED e investigador en el Centro de Investigación del Transporte de la Universidad Politécnica de Madrid. En su opinión, lo positivo de Madrid Central “es que se ha producido sin elementos de disuasión, porque todavía no se multa. Las personas han aceptado el nuevo escenario porque muchos piensan que es un elemento necesario y justo, y hay una mayor sensibilización hacia cuestiones de salud y medio ambiente”, dice. Además, “cientos de miles de personas hacen sus compras cada día en el centro, y se benefician de una mejor de calidad del aire y una mayor accesibilidad a pie, lo que impulsa la actividad económica, como demostró un informe de BBVA”.
Lois también destaca que Madrid Central es “una continuación de políticas de restricción del coche que hizo el PP” y que son políticas aceptadas por la población. Este tipo de políticas de disuasión no son únicas de Madrid, sino que se extienden por doquier en Europa: en Reino Unido, hay tasas de congestión en Londres (cinco veces el área de Madrid Central) donde se paga por acceder (unos 12 euros), que van directamente a mejorar las políticas de transporte.
Cámaras para controlar automáticamente el acceso a Madrid Central. Cámaras para controlar automáticamente el acceso a Madrid Central. ULY MARTIN
Coincide Adrián Fernández, portavoz de Movilidad de Greenpeace: “Me ha sorprendido el civismo de la gente, ha habido un respeto generalizado a la medida y no pensamos que la situación cambie, pero después de este amplio periodo de prueba y de amplias excepciones (colegios, comerciantes) quien sea multado no puede ser porque no se haya enterado, llevamos tres meses hablando de ello”. Fernández destaca que “los vaticinios de apocalipsis y de colapso no se han cumplido”, como tampoco la previsión de la Comunidad de Madrid de que los usuarios del metro aumentarían en 300.000 personas. “El colapso del metro se debe exclusivamente a la mala gestión del Gobierno regional”, dice.
La Plataforma de Afectados por Madrid Central agrupa las quejas por el funcionamiento de la medida. “En las reuniones con el Ayuntamiento hemos conseguido ya que los comerciantes del centro tengan 20 permisos de acceso mensuales, que los trabajadores con horario nocturno puedan acceder y crear una mesa de seguimiento de la medida”, señala su portavoz, Vicente Pizcueta. ¿Qué les falta por conseguir? “Que los comerciantes puedan aparcar en la zona SER y que los establecimientos de cultura y turismo (salas de concierto y hoteles) tengan autorizaciones especiales”.




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