jueves, 15 de febrero de 2018

Periodo de aridez hace 12 millones de años. Diario El País

Cuando el Mediterráneo se secó y las ratas llegaron a España

Cataluña y el sur de Francia fueron refugios climáticos durante el período de aridez que comenzó a azotar la península hace 12 millones de años


Topografía europea durante la crisis salina del Messiniense, hace 6 millones de años. Ampliar foto
Topografía europea durante la crisis salina del Messiniense, hace 6 millones de años. Wikimedia Commons
La península Ibérica es una tierra de bosques mediterráneos, dehesas y matorrales. No siempre fue así. Hubo una época en la que Europa gozaba de un clima tropical, y bosques húmedos se extendían por el continente. Todo cambió con un espectacular viraje climático que dejó el Mar Mediterráneo seco y forzó cambios en la fauna ibérica que se perciben en la actualidad. En el apogeo de este fenómeno, desde hace 12 hasta hace 5 millones de años, los excepcionales ecosistemas del territorio que actualmente comprende Cataluña y el sur de Francia sirvieron como refugios climáticos. Aquí quedaron relegados los animales que estaban adaptados a ambientes húmedos y cerrados, como las ardillas voladoras, según desvela una nueva investigación encabezada por paleontólogos de la Universidad Complutense de Madrid publicada en Scientific Reports.
El estudiante doctoral Fernando Blanco, que es el principal autor del estudio, explica que también hubo un aumento de la biodiversidad en el norte conforme disminuía la del sur. “Es una combinación de la extinción de ciertas poblaciones y la dispersión [de otras]. Hubo una migración de faunas adaptadas hacia el norte, pero no es una migración directa: fue todo muy progresivo”, señala.
Los científicos analizaron 209 yacimientos con fósiles de roedores que habitaron la península Ibérica y el sur de Francia durante el Mioceno superior —entre hace 12 y 5 millones de años— para ver cómo afectaron los cambios climáticos de esta época a la fauna. Se sabe que los ecosistemas de la península Ibérica se estaban volviendo cada vez más áridos, y que las temperaturas globales disminuyeron durante este período en un proceso que culminó con glaciaciones hace 2,59 millones de años.
El análisis de los restos fósiles, recogidos durante más de 50 años de excavaciones, ha demostrado que los roedores de la península migraron al norte por los cambios climáticos, a la vez que cambiaron comunidades enteras de especies en el resto del territorio. En esta época, por ejemplo, llegaron los múridos (ratas y ratones actuales), un grupo de animales todoterreno que conquistó el centro y sur peninsular, desplazando a anteriores residentes como los cricétidos (actuales hámsters).
Reconstrucción de una ardilla voladora en los bosques de Cataluña y Francia hace 10 millones de años. ampliar foto
Reconstrucción de una ardilla voladora en los bosques de Cataluña y Francia hace 10 millones de años. Univ. Kansas
“Lo más sorprendente es que hayan visto que la región norte y el sur de Francia hayan funcionado como refugios durante tanto tiempo”, dice Adriana Oliver, una paleontóloga del Museo Nacional de Ciencias Naturales (Madrid) ajena a este estudio. Oliver es especialista en fósiles de roedores; sostiene que este grupo de animales es excepcional porque, además de contar con una amplia distribución geográfica y con muchísimas especies, es el único que permite datar los yacimientos con precisión, dados los cortos ciclos vitales de estos mamíferos. Además, su sensibilidad a los cambios ambientales los convierte en animales idóneos para analizar climas pasados a través del registro fósil.
El estrecho de Gibraltar no existía todavía. Se cerraron los dos estrechos que había y el Mediterráneo se quedó sin intercambio
El cambio climático del Mioceno superior estuvo marcado por dos “crisis” ecológicas que causaron enormes cambios en la fauna europea. La primera fue la llamada crisis del Vallesiense, un pico de aridez que hace unos 10 millones de años acarreó la extinción de los monos en Europa. Blanco sostiene que la del Vallesiense fue solo “una crisis entre comillas”, dada su progresión gradual. Sin embargo, la crisis salina del Messiniense, que ocurrió hace seis millones de años, llegó a secar el Mar Mediterráneo casi por completo. “Los continentes eran ya bastante parecidos a lo que tenemos ahora, pero no exactamente iguales”, dice Oliver: “El estrecho de Gibraltar no existía todavía. Se cerraron los dos estrechos que había y el Mediterráneo se quedó sin intercambio. La evaporación era mayor que los aportes de agua”. Fue este fenómeno, que solo dejó marismas salinas en la cuenca del Mediterráneo, el que propició los grandes intercambios faunísticos entre continentes.
El estudio de refugios climáticos prehistóricos es especialmente relevante ante el cambio climático actual. “Si logramos conocer cómo se ha comportado la biodiversidad ante cambios climáticos en el pasado, podremos predecir como va a hacerlo en el futuro”, dice Blanco. “En este sentido la paleontología tiene un papel crucial en el estudio del cambio global”, concluye.

domingo, 4 de febrero de 2018

Nuevas actividades de ocio. El culto al cuerpo y su impacto económico en España. Diario El País

El culto al cuerpo moldea un negocio floreciente


La industria vinculada a las actividades deportivas en España, que da empleo a cerca de 195.000 personas, se ve favorecida por los nuevos hábitos de vida saludables que han echado raíces en la sociedad.

El culto al cuerpo moldea un negocio floreciente
El pasado 31 de diciembre 40.000 personas, todas uniformadas de azul, esperaban junto al estadio Santiago Bernabéu la salida de la San Silvestre Vallecana. La lluvia y los 23 euros que costaba la inscripción no fueron obs­tácu­lo para que se batiese un nuevo récord de participación. El éxito de la famosa carrera de 10 kilómetros es solo un ejemplo del auge del ejercicio físico en España, en torno al cual florece a su vez un prometedor negocio. En 2016, últimos datos oficiales disponibles, había 33.000 empresas cuya principal actividad era deportiva, con una plantilla conjunta de 194.000 trabajadores. España es el tercer país de Europa en empleo vinculado al deporte, solo por detrás de Alemania y Reino Unido. Además, el gasto de los hogares en bienes y servicios deportivos crece a tasas anuales cercanas al 6% y se acerca a los 4.500 millones de euros.
Más que una moda pasajera, los expertos creen que estamos ante una tendencia que ha venido para quedarse. “Es un sector en claro ascenso. La gente está cada vez más concienciada de que hay que adquirir hábitos de vida saludable y el deporte ayuda a lograr ese objetivo. Además, el ejercicio forma parte de un lenguaje universal que contribuye a establecer relaciones y, como tal, lo hemos incorporado a nuestro ocio”, explica Carlos Cantó, profesor de Sport Business en Esade.
La industria del deporte amateur es muy transversal. Abarca desde los fabricantes de prendas y artículos hasta las grandes cadenas de distribución, pasando por las empresas propietarias de gimnasios, las que organizan eventos, las agencias de viajes especializadas, las academias y los servicios de medicina deportiva, entre otros actores. “En general, todas las áreas están mejorando sus resultados. Que el sector deportivo haya crecido tanto en los últimos años a pesar de la crisis habla del gran potencial que tiene como dinamizador de una economía”, señala Marc Menchén, director de la publicación especializada Palco23.
La heterogeneidad de la industria no impide que afloren algunos rasgos comunes, como la tendencia a la concentración, el apetito de los fondos de inversión internacionales por el mercado español, una balanza comercial deficitaria al importar más de lo que se exporta o la competencia basada en la guerra de precios. “Antes, hacer deporte era caro, pero ahora se ha popularizado mucho. Correr es una actividad saludable que requiere un esfuerzo económico relativamente pequeño. Además, el desem­barco de los gimnasios de bajo coste permite apuntarse a un club por menos de 30 euros al mes. A medida que el paro va disminuyendo, notamos que la gente va animándose a practicar actividades que exigen un mayor gasto como, por ejemplo, el esquí”, subraya Fernando Pons, socio de Deloitte y responsable del área de Sports.
El negocio del fitness español está en buena forma. Las cadenas de gimnasios facturaron 950 millones de euros en 2017, un 6% más que en el ejercicio anterior. Así se desprende del Observatorio Sectorial DBK de Informa D&B, que al cierre del año ha contabilizado 3.950 centros deportivos en funcionamiento, un 1% más que en 2016. Este buen comportamiento se atribuye “a la favorable coyuntura económica, la preocupación por la salud, la amplia oferta y el buen comportamiento del gasto en los hogares”. A pesar de que la notable presión sobre los precios limita la mejora de los ingresos de las cadenas de gimnasios, las previsiones de los expertos hablan de un crecimiento anual del 4% en el periodo 2018-2019, lo que permitiría al sector superar los 1.000 millones de facturación conjunta dentro de dos ejercicios.

La fiebre del gimnasio

La consolidación del negocio del fitness en los últimos años ha provocado una mayor concentración, ya que el 23% de la cuota del mercado lo tienen las cinco principales empresas de la industria, con notable presencia de los grupos low cost. Supera, Body Factory, Gofit, Serviocio y Holmes Place lideran el sector por número de abonados, con más de 800.000 clientes de forma conjunta. Los consultores especializados en esta área creen que la compra de grandes cadenas o de grupos independientes va a ser la tónica de crecimiento en los próximos años. En este proceso, además, han empezado a llegar al negocio de los gimnasios grupos de capital riesgo que olfatean buenas rentabilidades futuras. Entre los últimos movimientos destacan la venta a Portobello de los centros deportivos Supera, la adquisición por parte de Mutua Madrileña y Torreal de Ingesport (que opera los gimnasios Gofit) o la compra de Virgin Active (Richard Branson) por parte de la cadena británica Holmes Place.
“Hace una década, una buena parte de los gimnasios eran municipales, pero desde 2010 aproximadamente los grupos privados se han dado cuenta de que pueden hacer sostenibles los centros. La actividad del fitness se mueve con márgenes muy ajustados porque las empresas están en plena fase de expansión. Aunque la industria todavía es muy joven, hemos entrado en una etapa de consolidación y los grandes fondos quieren participar en ella”, argumenta Marc Menchén.

Un empleo para jóvenes bastante precario

Del último Anuario de Estadísticas Deportivas, publicado en 2017 y elaborado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, se desprende que la industria vinculada al ejercicio físico es una gran dinamizadora de empleo en uno de los segmentos de la población que más lo necesitan: los jóvenes.
Los resultados de este informe indican que este sector generó trabajo para 194.000 personas en 2016, un 1,1% del empleo total de ese año. Las diferencias más significativas respecto al perfil general se registran por tramos de edad, con una proporción mayor de jóvenes de 16 a 24 años, 19%, frente al 4,5% observado en el conjunto del mercado laboral español, y de personas de edades comprendidas entre 25 y 34 años (28,9% en el caso de las actividades deportivas, frente al 20,6% del total del mercado).
El trabajo vinculado al deporte se caracteriza también por una formación académica mayor que la media, presentando tasas de educación superior más altas: 49,8% frente al 42,1%. El 89% de los trabajadores deportivos es asalariado, cifra por encima de la media del mercado, y presenta tasas de temporalidad y de empleo a tiempo parcial superiores.
Precisamente, el anuario de la revista especializada Palco23 hacía hincapié en la necesidad de aprovechar la fase expansiva que vive esta industria para mejorar el marco de relaciones laborales a través de nuevos convenios. “Se trata de una cuestión crucial para poner fin a uno de los problemas del sector, como son los bajos salarios de los trabajadores de instalaciones deportivas y la temporalidad”. El salario mínimo en este segmento oscila entre los 794 euros y los 1.098 euros.
Otro rasgo de esta industria es que es más de servicios que de manufactura. En España existen 33.071 empresas deportivas. La mayor parte de ellas, el 79,2%, se corresponden con actividades como la gestión de instalaciones, clubes deportivos o gimnasios. Solo un 0,6% de las compañías de este ramo se dedica a la fabricación de artículos deportivos, mientras que el 20,2% tiene como finalidad el comercio al por menor de artículos en establecimientos especializados.
Una asignatura pendiente del gremio deportivo es la internacionalización, como demuestra el abultado déficit comercial. En conjunto, el valor de las exportaciones de bienes vinculados al deporte en 2016 se situó en 802,6 millones de euros, frente a unas importaciones de 1.757,5 millones. La UE es el principal destino de las exportaciones, y China es el principal suministrador de importaciones.
En el negocio de la distribución de artículos deportivos se repiten las dos características del sector de los gimnasios y que hablan también de un gran dinamismo: crecimiento de ventas y un proceso de consolidación para dejar el mercado en manos de cada vez menos jugadores. La batalla por la venta de material deportivo en España tiene en Decath­lon el claro dominador hasta el momento. Para la empresa francesa el país ibérico es uno de sus principales mercados exteriores. En 2016, últimas cuentas depositadas en el registro mercantil, facturó por valor de 1.639 millones de euros, un 4% más que el ejercicio anterior, y su beneficio atribuido mejoró un 7,2%, situándose en 119 millones. A pesar de estas cifras, Decath­lon, con 162 tiendas en España, ha virado su estrategia basada en grandes superficies en las afueras de las ciudades para buscar emplazamientos en el centro, como demuestra la reciente apertura de tiendas en calles tan comerciales como Fuencarral y Ortega y Gasset en Madrid.
“En el caso de los fabricantes y distribuidores hay que destacar una tendencia creciente como es el auge de un estilo de vida casual. No todo el consumo de ropa deportiva está vinculado al deporte, hay otro factor que explica su crecimiento, como es la aceptación social de prendas informales en ámbitos como el laboral. Antes era menos habitual acudir al trabajo en zapatillas deportivas, ya no. La digitalización, especialmente en el ámbito de las redes sociales, y los millennials y sus hábitos de vida más cómodos y saludables explican este auge”, argumenta Luis Lara, senior advisor de KPMG. La popularización de la práctica de yoga o pilates, junto con la apuesta de la ropa casual, explica que grandes cadenas de moda como Zara, Uniqlo o H&M hayan lanzado sus propias colecciones de ropa deportiva.

La forja de una alianza

En respuesta al dominio de Decathlon, algunos de sus rivales movieron ficha en 2017. La firma británica JD Sports, propietaria de la cadena de tiendas deportivas Sprinter, firmó una alianza con la portuguesa Sport Zone, el distribuidor propiedad del grupo Sonae, para aglutinar los negocios de las tres empresas en la Península a través de una sociedad conjunta denominada JD Sprinter Holdings. La alianza suma 300 tiendas y unas ventas agregadas de 450 millones.
“El crecimiento medio debería estar en el entorno del 3% anual. El sector de la distribución de artículos deportivos es muy dinámico y caben formatos muy diferentes, lo cual es atractivo para la inversión”, señala David Segarra, responsable de JD Sports Iberia. “Actualmente existen dos estrategias. Aquellos grupos en los que hay un mayor peso de las grandes marcas del sector, que ofrecen productos inspirados en las grandes celebridades del deporte, que pueden usarse para la competición o en el día a día. Y por otro lado, hay operadores que han hecho su apuesta por la marca propia con precios muy ajustados. En este último caso el volumen es muy determinante”, añade.
Si el mundo de la distribución de artículos deportivos se encamina a la configuración de gigantes, la tendencia en los fabricantes de prendas y material sigue el mismo camino. Los acuerdos con los distribuidores son clave para los productores. Se trata de empresas globales que no pueden llegar a todo el mundo, ni a todos los estratos sociales, con sus propios puntos de venta. Por eso su estrategia actual pasa por concentrarse en el canal online y la apertura de tiendas emblemáticas (flagship stores), dejando el resto en manos de terceros, con los que llegan a acuerdos que a veces incluyen colecciones en exclusiva para el propio distribuidor.
“Estas políticas comerciales solo están al alcance de las grandes marcas deportivas. Hace 20 años subsistían firmas nacionales o incluso regionales, pero han ido de­sa­pareciendo en favor de multinacionales que tienen presupuestos suficientes para invertir en publicidad y patrocinios, dos de las vías clave para crecer en este negocio. El único camino para las empresas pequeñas es buscar una actividad de nicho y especializarse. Casi ninguna marca afronta todos los deportes y ahí sí hay oportunidades”, reconoce Luis Lara, de KPMG.
En un mercado con semejantes barreras de entrada, el auge de la práctica deportiva en España beneficia sobre todo a empresas como Adidas, cuyas ventas alcanzan 380 millones (2016), con crecimientos superiores al 8% en los últimos años. La única marca nacional que pelea en un negocio dominado por gigantes como Nike, Puma, New Balance, Reebok o Under Armour es Joma. Esta firma toledana facturó en 2016 por valor de 158 millones, un 18% más que en 2015, y duplicó su beneficio hasta situarlo en 15,17 millones.
“Hemos notado un mayor nivel de exigencia por parte del consumidor. Cada vez demanda mayor especificación del producto, mejor calidad y más tecnología en las prendas. Es un cliente formado, que compara diferentes productos antes de tomar la decisión de compra, lo que nos exige estar en continuo proceso de innovación y mejora”, apunta Marina López, directora de marketing de Joma. Esta compañía fue fundada hace ya 50 años y la internacionalización ha sido un motor clave en su supervivencia. Actualmente, las ventas en el exterior suponen el 55% del total. “La estrategia de crecimiento a medio y largo plazo se basa en tres pilares: la inversión en logística, seguir investigando para mantener la calidad del producto y aumentar el porcentaje de exportación”, según López.
Otro subsector de la industria deportiva que vive un momento dulce es el turismo especializado en actividades físicas. Los viajes realizados por españoles con un fin deportivo sumaron cuatro millones (el 4,7% del total) en 2016, mientras que las entradas de extranjeros por este motivo llegaron a 1,4 millones de desplazamientos. El gasto conjunto asociado al turismo deportivo asciende a 2.400 millones, según datos del INE. “Somos un país privilegiado por clima y desde el punto de vista geográfico al tener costa, montañas, infraestructuras… Se trata de un tipo de turismo con un gasto medio elevado y debemos trabajar con una promoción adecuada, usando campañas de nicho con la ayuda de las nuevas tecnologías, para desarrollar todo el potencial que tenemos. En el caso del golf, por ejemplo, deberíamos convertirnos en la Florida de Europa”, apunta José Luis Zoreda, vicepresidente ejecutivo de Exceltur.
El desarrollo del turismo deportivo provoca que surjan agencias de viajes especializadas en actividades con gran demanda, como son las carreras populares. Algunos hoteles también están renovando sus instalaciones para ofrecer servicios específicos como talleres de reparación de bicicletas. “Durante la temporada de invierno, en Baleares casi el 50% de la ocupación hotelera son grupos de ciclistas. El turismo deportivo es de alto poder adquisitivo y nada conflictivo. Aporta un gran valor añadido, pero hace falta una estrategia coordinada de las diferentes administraciones para su promoción”, dice Rafael Gallego, presidente de la Confederación Española de Agencias de Viaje.

Tareas pendientes

El crecimiento del negocio vinculado al deporte no debe esconder que aún hay cosas por hacer para exprimir su potencial. La encuesta estatal de hábitos deportivos tiene carácter quinquenal y la última se realizó en 2015. Según este estudio, el porcentaje de la población activa que practica deporte al menos una vez por semana pasó del 37% en 2010 al 46,2%. A pesar de este incremento, la sociedad española es aún bastante sedentaria y ocupa el décimo puesto de la UE en la práctica de actividades físicas.
Además de recuperar un IVA más bajo para los artículos deportivos, los expertos creen necesario aprobar una nueva ley del deporte para promocionar aún más el ejercicio. “La legislación vigente se remonta a 1990. Han cambiado muchas cosas en la sociedad desde entonces y sería bueno actualizar la normativa. En concreto, introducir incentivos fiscales para las empresas que fomenten la práctica del deporte entre sus empleados como hay en otros países, destinar más dinero público a campañas de sensibilización entre la población, o fijar un marco para el patrocinio y el mecenazgo”, según Marc Menchén. Desde el Consejo Superior de Deportes reconocen la importancia de la inversión en este campo para las arcas públicas: “Se estima que cada euro invertido en actividad física y deporte representa de cara al futuro un ahorro de entre dos y cinco euros en inversión socio-sanitaria”.

Industria automovilística española. Diario El País



Más de 50.000 empleos con los coches ‘made in Spain’
Las marcas negocian dentro y fuera de las fábricas para adjudicarse y mantener los modelos de las 13 plantas de producción de vehículos de España






La producción española de vehículos cerró 2017 con 2.848.335 unidades, un 1,5% menos que en 2016. Sin embargo, los fabricantes son optimistas y negocian convenios con los sindicatos para asegurarse la adjudicación de nuevos modelos y mantener los actuales. Las 13 fábricas de coches en España emplean a unas 52.651 personas y por cada uno de estos puestos se calcula que se crean "cuatro o cinco" indirectos. En la UE hay unas 230 plantas que compiten por asignarse los vehículos. Anfac, la patronal de los fabricantes, explica que "retener un modelo significa mantener el empleo", pero que ser competitivos no solo debe pasar por rebajar los salarios.



Producción en España PSA. Cuenta con fábricas en Madrid, Zaragoza y Vigo. Esta última es su mayor planta con 434.850 vehículos fabricados en 2017 y donde emplean a 5.500 personas. Sin embargo, tiene asignado en 2018 el lanzamiento del proyecto denominado K9, que sustituye la producción de Berlingo y Partner.
En Figueruelas (Zaragoza), tras llegar a un preacuerdo de convenio entre los sindicatos y la empresa para cinco años, se da por hecho que la fábrica producirá el nuevo Opel Corsa, aunque aún no se ha anunciado oficialmente. En 2017, de 382.425 coches, 196.424 fueron Corsas. La planta, que emplea a 5.389 personas buscaba ser más competitiva reduciendo costes laborales, con la congelación de los salarios en 2018 y un aumento del 50% del IPC en 2019 y 2020 y del 60% en 2021 y 2022. En Figueruelas también fabrican el Citroën C3 Aircross, Opel Meriva, Opel Crossland X y Opel Mokka.
En Madrid fabrican el C4 Cactus (59.397 unidades) con 950 trabajadores. Esta planta, como la de Vigo, tiene unos costes laborales un 17,2% por debajo de la de Zaragoza, lo que la convierte en más competitiva y se le asignará un nuevo modelo a partir del año 2020 que "asegurará la continuidad de la fábrica durante la próxima década".
Seat-Audi. Las marcas, pertenecientes al grupo Volkswagen, tienen su fábrica en Martorell (Barcelona) con una producción de 455.470 vehículos de los modelos León, Ibiza, Arona y Audi Q3. Este último será reemplazado por el Audi A1, al fabricarse sobre la misma plataforma industrial —llamada MQB— del Ibiza, el Arona y los dos modelos de Volkswagen, lo que mejora la rentabilidad al compartir proveedores y componentes.
La planta de Martorell emplea a unas 8.000 personas y 265 han pasado de temporales a indefinidas en 2018 por "las perspectivas de producción". Desde Seat explican que su competitividad se debe a que tienen un "convenio colectivo muy flexible". Entre otros, tienen una bolsa de horas, que permite trabajar más cuando hay más producción y descontar el tiempo cuendo hay menos trabajo. En cuanto al sueldo, la última congelación fue en 2009 y desde entonces "ha subido como mínimo al nivel del IPC". El último convenio se firmó en 2016 hasta 2020 y se introdujo una paga de beneficios que "vincula el éxito de la empresa a los trabajadores".
Ford. La cadena automovilística fabricó 417.000 coches en 2017 en Almussafes (Valencia), donde tiene seis modelos adjudicados y 7.791 empleados. Estos aceptaron a finales de enero el principio de acuerdo sobre el plan de competitividad con el que, explican desde Ford, "aseguran la estabilidad de la planta los próximos años". El plan incluye un aumento salarial para la plantilla del 2,5% en 2019, del 1,5% en 2020 y un aumento relacionado con IPC más un 0,5% en 2021.
Renault. El grupo tiene plantas en Palencia y Valladolid. En esta última fabrica los modelos Twizy y Renault Captur (250.000 unidades en 2017). Para esta producción cuenta con 3.900 personas. En Palencia, donde fabricó el año pasado 293.000 vehículos y emplea a 3.200 personas, produce el Megane IV y el Kajdar. Renault ha firmado un plan industrial hasta 2020 que garantiza carga de trabajo y 2.000 empleos fijos adicionales en el grupo, además de la producción de un nuevo vehículo en Valladolid en 2019.
En el plan con los sindicatos acordaron un incremento del salario del 0,50% en 2017 y del 1% en 2018, 2019 y 2020, con una cláusula de revisión salarial por la que se abonaría una paga única, no consolidable, equivalente a la diferencia entre el 2% y el IPC real. Además, tienen medidas de flexibilidad como la posibilidad de poner en marcha un turno para la producción los fines de semana y festivos.
Mercedes. En su planta de Vitoria, donde emplean a 5.000 personas, fabrican el Vito y el Clase V, ambos adjudicados hasta 2024. En 2017, produjeron 150.250 unidades. "Se adjudicaron por nuestro conocimiento en furgonetas y monovolúmenes y la flexibilidad pactada en el último convenio que permite hacer frente a las variaciones del mercado", afirman fuentes de Mercedes. La empresa tiene previsto sacar su versión eléctrica en 2018, aunque no concretan si aumentará la plantilla.
Volkswagen. La marca alemana tifabrica el Polo en Navarra, desde 1983, con una media de 1.386 coches diarios. A finales de 2018 comenzarán la producción de un vehículo adicional. "Es muy buena noticia para el empleo y da estabilidad al no depender de un único coche, asegura la vida de la planta 10 ó 15 años", comentan fuentes de la empresa.
Volkswagen explica que a partir del 2019 subirá la producción media —esperan llegar a los 350.000 vehículos—, y el empleo. En la actualidad cuentan con 4.893 trabajadores y calculan un incremento cercano al 10% de la plantilla. Para conseguir la nueva adjudicación presentaron junto a los sindicatos una propuesta de competitividad a la matriz. Entre las medidas esta la subida salarial para 2018 del 50% del IPC y el incremento en un día el calendario laboral, hasta los 216, a cambio de que la empresa contratara entre 300 y 500 personas más.
Nissan. La marca tiene fábricas en Barcelona y Ávila. En la primera producen el Navara, el Alaskian y la furgoneta NV 200 (y el modelo eléctrico) y dejan de fabricar el Pulsar. Nissan tiene 4.200 empleados en Barcelona y 480 en Ávila. En esta fábrica producen el NT 400 y se plantearon el cierre. Tras unas duras negociaciones en las que los trabajadores perdieron hasta un 30% de su salario, decidieron reconvertirla para producir piezas a partir de 2019. Desde la empresa aseguran que "en ningún caso esta transformación va a afectar a los puestos de trabajo".
Iveco. La marca está especializada en la producción de camiones. Así, cuenta con dos fábricas en las que divide sus vehículos ligeros y pesados. En Valladolid, produce los modelos Daily y Daily camión ligero y tiene 948 puestos de trabajo. En la capital española fabrica los vehículos pesados Stralis y Trakker con una plantilla de 2.400 personas.












jueves, 25 de enero de 2018

Estrecho de Gibraltar. Nuevas investigaciones. Diario El País

La geografía oculta del Estrecho de Gibraltar


Una investigación internacional analiza la interacción de su fondo marino con la corriente de agua mediterránea y la influencia de ésta en el clima global 

 
Lo extraordinario ya es evidente a la vista en el Estrecho de Gibraltar: dos mares unidos entre dos continentes por una separación de apenas 14,4 kilómetros que parece menguar -aún más- los días claros. Pero, oculto, aún hay mucho más. “Cuando lo miras, no eres consciente de lo que ocurre justo debajo”, reconoce el oceanógrafo Ricardo Sánchez. Para hacer visible lo invisible, tanto él como el geólogo marino Luis Miguel Fernández han participado en una investigación internacional encaminada a definir el itinerario y comportamiento de la corriente mediterránea de agua que penetra en el Atlántico. Su potencia la hace capaz de modificar la orografía submarina de la zona -cartografiada ahora también al detalle-, bifurcarse en meandros e, incluso, influir en el alterado clima global.
“Había una imagen desenfocada de un proceso que es relevante. Ahora hemos conseguido documentarlo con un nivel de detalles sin precedentes”, reconoce orgulloso Sánchez sobre unos estudios que comenzaron en 2009 y han implicado trabajos de campo, laboratorio y análisis de datos. En la investigación multidisciplinar ha participado el Instituto Español de Oceanografía -a cuya sede en Cádiz pertenecen Sánchez y Fernández-, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, las universidades de Málaga, El Algarve, Lisboa y Royal Holloway de Londres. Las conclusiones de su trabajo se han publicado ahora en la reconocida revista Science Advances.
A través de esos 14,4 kilómetros de estrecho, dos corrientes marinas superpuestas equilibran los flujos en una conexión única entre las dos grandes masas de agua. En el trasvase, el flujo mediterráneo -más salino y, por tanto, más denso- discurre hacia el Atlántico pegado al fondo, mientras que el atlántico -con menos salinidad y densidad- se adentra hacia el Mediterráneo cabalgando sobre las aguas salientes. La fuerza de la corriente salina, en resistencia con el agua atlántica y en rozamiento erosivo contra el fondo, crea canales y es capaz de bifurcarse en dirección hacia las islas Azores e Irlanda. “Sale del Estrecho en chorro -como detalla Sánchez-, desborda en cascadas y se divide en diversas ramas pegadas al talud continental. Se abre en la margen exterior como los meandros de un río”.
Y no es común encontrar este tipo de dinámicas submarinas, ahora esclarecidas al detalle. “El golfo de Cádiz es un sitio único porque los procesos de desborde de aguas densas no son frecuentes, más allá del Mar de Noruega, el Estrecho de Dinamarca o el Mar Rojo”, añade el experto en oceanografía física. Este carácter excepcional animó a Sánchez y sus compañeros a realizar diversas campañas de trabajo de campo, a bordo de buques del Instituto Español de Oceanografía. Los científicos emplearon diversos instrumentos de medida anclados a una roseta oceanográfica, una herramienta cilíndrica, equipada además con botellas de recogida de muestras de agua, que puede sumergirse a gran profundidad.
Desplazamiento y subdivisión de la corriente mediterránea en el Atlántico en la zona del golfo de Cádiz. 
Desplazamiento y subdivisión de la corriente mediterránea en el Atlántico en la zona del golfo de Cádiz.
En distintos puntos de los primeros 200 kilómetros del golfo de Cádiz, la instrumentación permitió obtener datos de la dirección, velocidad e intensidad de la corriente mediterránea; además de la temperatura, salinidad, oxígeno disuelto y turbidez del agua. Lo que no quedó recogido por los sensores, a 24 datos por segundo, se obtuvo en posteriores análisis de laboratorio. A esta toma de resultados, se sumó la realización de un mapa topobatimétrico en tres dimensiones del fondo marino, gracias a las ecosondas multihaz (con frecuencias de entre 40 y 100 Hz), equipadas en los cascos de los buques. Eso ha permitido descubrir de forma exacta la morfología del fondo del Estrecho, una valiosa información que completa mapas similares ya elaborados en zonas adyacentes del Mediterráneo.

Ríos submarinos

Si se pudiesen drenar los mares que bañan el Estrecho, quedaría al descubierto una intrincada orografía de valles, montañas, surcos, pozas o volcanes de fango. Sin ir más lejos, a 60 kilómetros al oeste de Cádiz, se alza una impresionante cordillera submarina que rivaliza en dimensiones con la Subbética. Esta compleja morfología del fondo, que se extiende desde los 360 a los 1.500 metros de profundidad, es, en gran parte, consecuencia del empuje de varios millones de metros cúbicos de agua por segundo.
Sección que muestra la mayor salinidad de la corriente mediterránea y cómo la orografía del fondo marino la condiciona y divide.
Sección que muestra la mayor salinidad de la corriente mediterránea y cómo la orografía del fondo marino la condiciona y divide.
En el potente desbordamiento del Mediterráneo, se produce un único chorro que traza una amplia curva que actúa sobre el fondo. El impacto con la orografía divide el chorro en subcorrientes que, pese a irse diluyendo, mezclada con aguas menos salinas, se mantienen inalterables durante cientos de kilómetros. “La historia exacta de la geomorfología curva y bifurcada del canal de Gibraltar sigue siendo oscura, no obstante tiene consecuencias para la dinámica oceánica. Así ha venido ocurriendo durante los últimos cinco millones de años”, como reconoce en sus conclusiones el estudio.
La investigación tiene aplicaciones prácticas para aportar más información sobre la dinámica de las comunidades marinas (incluyendo estudios sobre sus efectos en los recursos pesqueros). Puede servir para orientar la instalación de infraestructuras submarinas, como cables. Sin embargo, su mayor valor radica en los datos que aporta para posteriores estudios climáticos. “Puede ayudar a comprender el funcionamiento del clima en el Atlántico Norte”, avanza Sánchez. Allí se forman las aguas profundas, generadoras de la gran corriente marina que parte de “la cinta transportadora oceánica que define el clima global”, como resume el oceanógrafo.
Las últimas investigaciones apuntan a la desaceleración paulatina de esta corriente mundial, debido al deshielo de Groenlandia provocado por el calentamiento global. Frente a este cambio trascendental, la constatación de la llegada del flujo mediterráneo hasta ese punto demostraría “su carácter fundamental en el mantenimiento de esta corriente”, tal y como vaticina el investigador gaditano. La inyección de estos aportes salinos densos en la cuenca atlántica justo podría contrarrestar el efecto del calentamiento climático en la formación de estas aguas profundas, al disminuir la flotabilidad superficial en los mares del Norte.
Incorporado al saber internacional sobre las dinámicas de corrientes marinas, este estudio en el Estrecho de Gibraltar puede servir de apoyo a futuras investigaciones que arrojen más luz en este campo. Mientras, Sánchez ya vislumbra los próximos avances en sus indagaciones. “Hemos conseguido una imagen estática de este fenómeno de desbordamiento. Ahora queremos averiguar su variabilidad estacional. Esto solo era el primer paso”, remacha el científico con una media sonrisa.
 

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