martes, 4 de mayo de 2021

Ciudad Lineal. El proyecto higienista de Arturo Soria en Madrid. El Confidencial

 

La piqueta amenaza Ciudad Lineal: en riesgo el legado de un genio del urbanismo

En 1894, el urbanista Arturo Soria puso en marcha un proyecto visionario en el que primaban los espacios verdes. Hoy, sus casas de principios de siglo están en vías de demolición

placeholderFoto: La casa derribada en López de Hoyos 370.
La casa derribada en López de Hoyos 370.

Cuando sales de la boca del metro de Arturo Soria, se oye el trino de los pájaros. A solo unos metros circulan los coches, pero en este barrio al noreste de la capital el arbolado les hace una fiera oposición. Los cedros, robles y pinos, muchos de ellos centenarios, absorben pitidos y rugidos de motor. De alguna manera es lo que deseó su creador, el urbanista Soria, cuando presentó el proyecto de Ciudad Lineal en el Ateneo en 1882: un lugar en el que primara lo verde —se plantarían 30.000 árboles—, donde hubiera más espacio para las personas que para la locomoción, con comercios cercanos, y donde todo el mundo tuviera su propia casa “con huerto y jardín”, conectada con el centro mediante el tranvía. En definitiva, una ciudad ecologista y de proximidad, palabras que más de un siglo después no nos quedan tan lejos, sobre todo en estos tiempos de pandemia. Le llamaron visionario. Ni el ayuntamiento ni el Gobierno le dieron un duro, pero consiguió sacar adelante 5,3 kilómetros de los 48 proyectados. No está mal para una utopía.

Hoy, sin embargo, este diseño urbanístico, innovador para su época, corre peligro. Así lo denuncia la Asociación Cultural Legado Arturo Soria, creada en octubre de 2019 por arquitectos, urbanistas, historiadores, ingenieros y demás personas interesadas en el barrio, con el fin de preservar este proyecto, crear un museo sobre cómo se llevó a cabo y evitar que muchos de los hotelitos que se construyeron hace un siglo —los había de lujo, pero también de clase media y para la clase trabajadora— pasen por la piqueta, como está ocurriendo en los últimos tiempos. De hecho, hace solo unas semanas cayó el que había en Lopez de Hoyos 370. “Son casas que no están protegidas. Y son de particulares, por lo que, con la ley en la mano, pueden hacer lo que quieran con ellas”, se lamenta Cristina Keller, que está al frente de la asociación, que ha planteado ya varias alternativas tanto al ayuntamiento como a la comunidad. “Se está devaluando el valor patrimonial a favor de la especulación y estamos borrando la historia”, añade.

 

placeholderLo que queda del hotelito de López de Hoyos 370.
Lo que queda del hotelito de López de Hoyos 370.

Paseamos por las calles en las que se encuentran algunas de estas casas que están en riesgo de demolición. Como la que hay en Ulises, 1, que hoy pertenece a una orden religiosa. Todavía queda la puerta original y los muros típicos. “Es muy posible que la tiren puesto que ya han tirado las de alrededor”, manifiesta Keller. En Belisana 9, aunque se construyó algunas décadas después del proyecto original, una casita se mantiene en pie, “pero también sabemos que está en la lista de las que van a caer”. De la que no hay ninguna duda es de la que hay en Arturo Soria, 188: ha desaparecido el tejado, las ventanas están abiertas, su aspecto es ruinoso. “Es lo que suelen hacer, las dejan, y como no están protegidas, las tiran, se vende el terreno y se construye otra cosa”, sostiene Keller. Y por esa cadena de acontecimientos pasan unos cuantos millones de euros.

placeholderSin tejado y con las ventanas abiertas y rotas, así está esta vivienda en ruinas.
Sin tejado y con las ventanas abiertas y rotas, así está esta vivienda en ruinas.

“De todas maneras, ya ni aunque estén protegidas. En 1985 se tiró Villa Fleta, que estaba protegida”, comenta. Era una casa de principios del XX, de las primeras que se construyeron. Primero se llamó Villa Filomena y después la compró el tenor Miguel Fleta, que con el tiempo se convertiría en ferviente falangista. Se encontraba a la altura de Arturo Soria, 265 y fue un centro de encuentro de la cultura madrileña. Hoy no quedan ni los recuerdos, como ocurre con Villa Sol, Villa Marichu o Villa Rosita, algunas de las casas que ya solo aparecen en alguna foto vieja.

 

Sin embargo, Keller insiste en que sería posible su salvación. De hecho, ha ocurrido con otras construcciones que no se han convertido en una montaña de ladrillos y piedras. Ahí está Villa Rosario, en Arturo Soria, 65, que era una vivienda de lujo que se rehabilitó y hoy aloja la oficina de la sección cultural de la Embajada de China. O Villa Sotera, en Vizconde de los asilos, 5, otra vivienda de lujo en la que hoy se encuentra la Fundación Psicoballet Maite León. También se mantiene la vivienda lujosa que hay en la esquina entre General Aranz y la calle Lombillo. Y, por supuesto, Villa Rubín, en Arturo Soria 124, que fue la vivienda del urbanista y que hoy aloja dependencias oficiales de la Comunidad de Madrid.

placeholderVilla Rosario sigue en pie, ejemplo de que se puede rehabilitar y utilizar para otros usos.
Villa Rosario sigue en pie, ejemplo de que se puede rehabilitar y utilizar para otros usos.

El proyecto de un revolucionario

El proyecto de Ciudad Lineal, no obstante, abarcaba mucho más que las viviendas. Y desde la asociación también creen que el propio diseño está en riesgo, puesto que, según explican, las normas de su construcción se respetan cada vez menos. “Era un proyecto humanista que se hizo en una época en la que Madrid estaba hacinado, había epidemias y muchas desigualdades. La difteria, el cólera se expandían fácilmente y había una altísima mortalidad infantil”, explica Keller. Un Madrid que Benito Pérez Galdós retrató muy bien en novelas como ‘Misericordia’. “Y este era un proyecto higienista con casas soleadas, arbolado, aire puro, bien ventilado”, añade. También nos suena bastante esto ahora.

 

"Era un proyecto humanista e higienista con casas soleadas, arbolado, aire puro, ventilado"

 

El historiador de arquitectura Pedro Navascués tiene varios artículos en los que cuenta cómo se llevó a cabo este diseño urbanístico que se pensó para una zona en la que a finales del XIX solo había eriales que pertenecían a aristócratas y personas muy adineradas. Por aquel entonces, Madrid estaba en pleno crecimiento. Se había puesto en marcha la construcción del barrio de Argüelles, el de Salamanca para las clases pudientes y el de Pacífico para las clases más bajas con las casas baratas de La Constructora Benéfica que costeaban la Casa Real, el Banco de España y el Ayuntamiento de Madrid. Por curiosidad hoy quedan dos en pie en la calle de la Caridad (números 26 y 28).

 

Pero la ciudad pedía más —la emigración desde el sur no dejaba de aumentar— y salieron dos ideas: la construcción de la Gran Vía y la Ciudad Lineal de Arturo Soria.

Foto: Urbanismo de la Ciudad Lineal.

Esta última se consideró poco menos que una locura. El planteamiento de Soria, quien, por otro lado, era un hombre que siempre se había movido en ambientes bastante revolucionarios y radicales, era crear una vía de circunvalación, que hoy podría asemejarse bastante a la M-30, por la que pasara el tranvía y a ambos lados jardines y viviendas independientes de tres alturas como máximo. Las casas solo podrían ocupar una quinta parte de la parcela —el resto debía ser para un huerto y para la cría de animales domésticos— y debería haber cinco metros entre el muro del solar y la propia vivienda, lo que llamó el retranqueo. “Para cada familia, una casa; en cada casa, una huerta y un jardín”, fue el reclamo publicitario, a la contra de las viviendas comunitarias del centro, que para Soria eran aglomeraciones de miseria (y, sobre todo, muy poco higiénicas).

 

Arturo Soria es la segunda calle más grande de Madrid después de la Castellana, pero la sensación no es la misma que en Serrano

 

La calle del tranvía —lo que hoy es Arturo Soria— ocuparía 40 metros, divididos en el espacio para el transporte —de ida y vuelta—, cinco metros para los peatones a cada lado y otros cinco metros, también a cada lado, para carros y bicicletas. Así se construirían 48 kilómetros y podrían vivir 30.000 personas. En la actualidad no es exactamente este proyecto, pero es la segunda calle más grande de Madrid (5,3 kilómetros), después de la Castellana (seis kilómetros), y la sensación que tiene el peatón no es la misma que la de una calle Velázquez, Serrano o Acacias, llenas de ruido y humo.

placeholderEste era el proyecto original de Ciudad Lineal.
Este era el proyecto original de Ciudad Lineal.

Ningún organismo público quiso apoyar esta idea, por lo que a Soria le tocó convencer uno a uno a los posibles inversores y buscarse la vida por su cuenta. En 1894 creó la Compañía Madrileña de Urbanización (CMU), de la cual sería el director. Era la empresa encargada de comprar los terrenos, montar el tranvía, llevar el agua y la luz y construir las manzanas a ambos lados de una calle que sería indefinida. Ese mismo año colocaron la primera piedra en el Camino de la Cuerda, que pertenecía al pueblo de Canillejas, y asistieron el arzobispo-obispo de Madrid-Alcalá, José María de Cos, los alcaldes de Canillejas y Canillas y de otros pueblos colindantes, ya que las obras potenciaron mucho el empleo en la zona. Al principio muy poca gente se fio, pero para 1897 ya había hasta 600 accionistas —también le apoyaron mucho los profesores, principalmente los que creían en el krausismo y en la Institución Libre de Enseñanza— y, poco a poco, los más pudientes que habían invertido allí y los que habían vendido terrenos porque creyeron en el diseño, se trasladaban a pasar el verano en las nuevas villas que aparecían en cada manzana. En 1905 todos los accionistas de la CMU decidieron que la calle del tranvía se pasara a llamar como su director, Arturo Soria, mientras que las perpendiculares fueran de los inversores (un 12% fueron mujeres). Y así está en la actualidad.

Parque de diversiones, teatro, velódromo

El diseño de Soria era muy moderno porque incluía elementos en los que por aquel entonces ni se pensaba. Incluso se hacían festividades que se podrían considerar hippies, como la fiesta del árbol que consistía en plantar semillas y esquejes —de los que hoy son grandes troncos— y también había especial atención a los animales. Se llegó a poner en marcha una cooperativa de consumo para que los productos salieran más baratos que en el centro de la ciudad. Se construyeron viveros —hoy queda el de la familia Bourguignon, aunque este llegaría en la década de los treinta— y también los quioscos como el árabe, que servían de parada de tranvía, de puesto de vigilancia, de puesto telefónico (cuando nadie tenía teléfono) y de merendero. No es la campaña de ningún partido político, fue hace más de un siglo.

placeholderParque de diversiones de Ciudad Lineal hacia 1912.
Parque de diversiones de Ciudad Lineal hacia 1912.

Enfrente de la casa de Soria se construyó un Teatro-Escuela, un frontón, un restaurante y un parque de diversiones en el que había juegos de tiro de pistola y carabina, bolos americanos, un teatro de títeres, tiro al blanco, un tobogán gigante y lo que se llamaba la máquina voladora. En el teatro se hacían espectáculos de luchas grecorromanas. Al lado había un velódromo y hacia la calle López Aranda una plaza de toros. Entre 1910-1912 fue su época de mayor esplendor. Se hacían fiestas, se construían colegios. Pero el fin comenzaría en 1914 con una guerra. Hoy de todo esto ya no queda nada más que viviendas, oficinas y un concesionario.

 

“En la I Guerra Mundial España no participó, pero afectó mucho porque había menos suministros de todo. La Ciudad Lineal seguía en construcción, pero la CMU se declaró en suspensión de pagos. Además, como ya se veía por dónde iba a ir el proyecto, muchos de los dueños de los terrenos empezaron a vender más caro. La propia familia de Soria vendió algunas villas para pagar a los acreedores. Pero Soria ya estaba mayor y aunque quería seguir no fue fácil”, explica Cristina Keller. Por ejemplo, aunque se daban facilidades de pago a veinte años no compraron viviendas tantos trabajadores como se pretendía, en gran parte por la inestabilidad del trabajo. “Y nunca hubo dinero público”, ataja Keller. Todo lo contrario que ocurrió con otras colonias como la de Cruz del Rayo, al lado de El Viso, apoyada por organismos públicos desde el principio, a finales de los años veinte, y protegida desde finales de los setenta.

placeholderEl velódromo, convertido en campo de fútbol en 1923.
El velódromo, convertido en campo de fútbol en 1923.

En 1920 moriría Arturo Soria y su proyecto de los 48 kilómetros de ciudad ecologista se acabó. Las construcciones también irían desapareciendo. El parque de diversiones, el teatro y el frontón acabaron cerrando en 1932 cuando pasaron a manos de la Cinematografía Española Americana (CEA), la productora de los hermanos Álvarez Quintero, que convirtió todo en platós y que estaría en funcionamiento hasta 1966. En 1950 se construyó allí el famoso puente de la CEA por el que debajo pasa la A-2. El velódromo pasó a ser el campo de fútbol en el que jugó el Real Madrid en 1923 hasta la construcción del estadio de Chamartín; luego fue el del equipo Plus Ultra.

 

Con el paso del tiempo, sobre todo a partir de los años treinta, las ideas de Soria se desvirtuaron. Las viviendas dejaron de tener ese espacio de cinco metros de retranqueo, se construyeron edificios de más de tres alturas, se empezaron a vender algunas de las villas y se especuló con sus terrenos, se reformó la calle y llegaron los coches. A día de hoy, no obstante, todavía pervive el ideal de un tipo que ciertamente fue un visionario. Quedan la arboleda, quedan algunas de las villas y quedan esos espacios que muestran que todavía es posible una ciudad a escala humana. “Y nos están llamando de otras ciudades como Tokio porque quieren copiar el proyecto de Ciudad Lineal, que era eso, una línea indefinida, donde pudieran convivir diferentes clases sociales y tenga esa razón humanista”, señala Keller. Mientras tanto, aquí cada vez se escucha más el ruido de la piqueta.

jueves, 4 de marzo de 2021

Población española: De la España del siglo XVIII a la del XXI. Verne. El País

 

Así ha cambiado España desde los primeros censos del siglo XVIII

El análisis de los primeros estudios de población del país, elaborados hace 250 años por el conde de Floridablanca y Manuel Godoy, ofrecen un panorama demográfico radicalmente diferente al actual

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Mapa de la península de 1807
Mapa de la península de 1807. 

España tiene 47 millones de habitantes, según los datos más recientes del padrón elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es el triple que hace más de 200 años cuando, en el siglo XVIII, el conde de Floridablanca elaboró el primer censo estadístico que la monarquía española —con Carlos III a la cabeza— se atrevió a publicar. El objetivo era, tal y como puede leerse en la carta que Floridablanca dirigió al rey: “Que vean los extranjeros que no está el reino tan desierto como creen ellos y sus escritores”. Si Floridablanca hubiera tenido acceso a una bola de cristal, se habría quedado estupefacto con el cambio que ha dado nuestro país: en 1787 rondábamos los 10 millones de habitantes o, como decían por entonces, “almas”.

Las estadísticas son siempre un reflejo de la realidad. Y en el caso de las más antiguas, un tique de viaje al pasado. Antes del de Floridablanca, había llegado el censo del conde de Aranda (1768). Y después, el de Manuel Godoy (1797). Los tres descansan en la biblioteca del INE como una llave más a la historia de nuestro país. Parte de estos documentos son accesibles desde internet de forma gratuita. Con la ayuda de dos expertos en historia económica, desgranamos en seis puntos lo que estos censos nos cuentan de la vida de nuestros antepasados en el siglo XVIII.

1 . No era fácil superar la barrera de los 30

En 1797, según el censo de Manuel Godoy, la pirámide invertida no existía. La esperanza de vida superaba en muy contadas ocasiones los 30 años (ahora es de 83 años de media), un motivo de enorme preocupación para los miembros del Gobierno. En el siglo XVIII, la administración se dio cuenta de que para afrontar al enemigo no solo hacía falta dinero, también recursos humanos que fomentaran la economía y a los que poder recurrir en caso de guerra.

Como indica Carlos Álvarez, catedrático de Historia Económica en la Universidad Carlos III de Madrid: “A lo largo de la historia tener población ha sido clave para el éxito de una sociedad. Para nosotros ha cambiado un poco esa mentalidad y, de hecho, decimos que estamos en un mundo superpoblado. Pero, por aquel entonces, tener habitantes era tener riqueza”. Por cada niño menor de 7 años registrado en 1787, ahora hay 12. Estas proporciones crecen exponencialmente según aumenta la edad: por cada persona de entre 70 y 80 años en el siglo XVII, ahora hay 200.

Uno de los factores que más influía en la calidad de vida hace más de 200 años, además del acceso a la salud —reservado para los más pudientes—, era la dieta. La catedrática de Historia Económica por la Universidad de Barcelona, Roser Nicolau, ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar este aspecto. “España era por entonces un país bastante rural y, a diferencia de otros países, el consumo de proteínas era muy bajo. Sumado a la falta de agua, las enfermedades y el escaso consumo de leche, muy distinto al resto de Europa, la mitad de los niños que nacían no llegaban a los cinco años de edad. De hecho, muchos morían en el destete porque el acceso al calcio caía en picado”, apunta.

2. La soltería, lo más relevante de la sociedad

Uno de los aspectos más llamativos de estas estadísticas es la atención que se presta al número de solteros y casados. Tanto es así que el censo de Manuel Godoy dedica un apartado al porcentaje de mujeres solteras por edad donde puede observarse que 7 de cada 10 mujeres de entre 16 y 24 años estaban solteras, una proporción que pasaba a ser de 2 por cada 10 en el rango inmediatamente posterior (25 a 39 años). ¿Por qué se centraban tanto en conocer el estado civil de sus habitantes?

“Floridablanca hace el censo para plantar cara a las críticas sobre la despoblación en España que llegaban desde fuera de nuestras fronteras. Para ello busca los impedimentos en el crecimiento de la población, uno de los cuales era la soltería”, indica Nicolau. Este objetivo les llevaba a contar incluso los religiosos -a los que el celibato no les permitía tener descendencia- y los dependientes de la beneficencia, cuya situación económica dificultaba en gran medida formar una familia. Así, el conde contaba las cabezas en hospitales, hospicios, casas de expósitos, instituciones educativas, divididas por sexos y clases, y casas de reclusión. Incluso distinguía a los pacientes de salud mental, refiriéndose a ellos directamente como "locos" y "locas".

En 1797 se casaban el 59% de las mujeres y el 56% de los hombres. Aunque en ambos sexos esta tendencia ha disminuido con el paso del tiempo, la diferencia con la era actual no es tanta: solo ha caído en siete puntos porcentuales. En los tiempos de Godoy y Floridablanca, explica Nicolau, que hubiese un tercio de hombres y mujeres solteros no era nada positivo: “En toda Europa occidental era habitual que las mujeres se casasen con 25 años y España tenía una de las tendencias más bajas. Hay distintas teorías para explicarlo pero una de las más factibles es que las mujeres no se casaban hasta que no tenían cierto patrimonio, lo que retrasaba bastante la edad de matrimonio. De hecho, aunque no se contabilice, ellas también trabajaban en el campo o en labores domésticas y esto también influía a la hora de casarse”.

En la actualidad, el 11% de las mujeres se quedan viudas. En el siglo XVIII, esta proporción era prácticamente la misma. En el caso de los hombres, el porcentaje de viudos se ha reducido a la mitad (del 6% al 3%), un cambio que se explica con la diferencia en las esperanzas de vida de cada sexo: la esperanza de vida de las mujeres es seis años superior a la de los hombres (86,2 años frente a 80,9). 

3. Casi cinco hijos por mujer

Como ya hemos mencionado, el crecimiento de la sociedad era una de las mayores preocupaciones de la corona. En el estudio que Nicolau elaboró con otros colegas de profesión, Estadísticas históricas de España, el cuadro de expertos concluye que, ya entrado el siglo XIX, cada mujer tenía 4,5 hijos de media. Esta es una de las cifras más disonantes con la realidad actual: los últimos datos del INE sitúan la tasa de fecundidad en menos de 1,5 hijos por mujer.

Las dificultades para elaborar los primeros censos no permitían conocer el detalle del número de hijos por matrimonio. Pero en su batalla por acabar con los obstáculos para formar familias, el censo de Floridablanca distinguía a solteros, casados y viudos según su rango de edad. Y es aquí donde encontramos un detalle sorprendente: los registros de casados y viudos menores de edad. Así, en 1787, 5.462 niños y 7.463 niñas de entre 7 y 16 años aparecen casados. Y más de 500 son viudos. Aunque estas cifras no llegan a representar ni el 2% de la población, surge la pregunta sobre si realmente existían los matrimonios en estas edades o era un simple error de registro.

“Lo que no sabemos es si a la hora de hacer el censo preguntaban si ese matrimonio era consumado o no. Por entonces muchos de los matrimonios eran concertados por las familias, bien por motivos económicos o políticos. En el sur, la edad media de matrimonio era de 26 años y, en el norte, de 21”, explica Álvarez. “Tradicionalmente, en el norte de España las familias solían ceder todo el patrimonio al primogénito para mantener a salvo el linaje. Se consideraba que el estatus social se perdía si se repartía el patrimonio entre varios descendientes. En el sur, sin embargo, se heredaba de forma más equitativa”.

Para casarse hacía falta una dote, el patrimonio que la familia de la esposa entregaba al novio en proporción a su estatus social. La forma de heredar de la familia, por tanto, condicionaba mucho las opciones. Si por haberse dividido el patrimonio entre varios descendientes la dote no era suficiente, lo lógico era que la edad de casamiento se retrasara y que, por ello, se intentase cerrar de palabra el matrimonio lo antes posible para ganar tiempo.

4. Las ciudades, atractivas pero complicadas

“En el siglo XVI, España era uno de los países más urbanizados de Europa. Sin embargo, en el siguiente siglo, las ciudades entraron en decadencia y el territorio se hizo mucho más agrario”, explica Álvarez. En el siglo XVII crece una corriente de pensamiento que considera que la fuerza urbana es una fuente de riqueza para los Estados modernos, que "empiezan a preocuparse por tener poblaciones numerosas”, explica Roser. Así, bien entrada la segunda mitad del siglo XVIII, las ciudades españolas vuelven a cobrar protagonismo y a atraer a parte de la población. En el censo de Floridablanca, Madrid es la que notifica más de 165.000 habitantes, seguida de Valencia (100.656), Barcelona (92.385) y Sevilla (80.915). Las cuatro aglutinan un 4% de la población nacional, un porcentaje que en la actualidad alcanza el 15%.

Pero las urbes, cuanto más caras, más duras. “Al llegar más población aumentan los trabajos de largas jornadas y salarios bajos y, en consecuencia, la gente pasa hambre y crecen las enfermedades por hacinamiento. Se da por hecho que, en la ciudad, la probabilidad de morir es más alta, pero la gente emigra porque, aun así, es un salario mucho mejor que en el campo. Hay que recordar que allí la tierra tenía dueño y el dinero que le llegaba al campesino era escaso. Por eso la ciudad surge como un lugar de mayores oportunidades. Si tenían suerte y trabajaban muy duro, podían salir adelante”, relata Álvarez. “De hecho, muchos de los ‘segundones’ de las familias del norte que hemos mencionado anteriormente —los que llevaban un escaso reparto en el patrimonio de la familia— emigraban a las ciudades del sur para buscarse una nueva vida”.

5. Los municipios de 10.000 habitantes ya eran considerados ciudades

Cuando reinaba Carlos III, 8 de cada 10 españoles vivían en municipios de menos de 10.000 habitantes. Nada que ver con la distribución actual: según el padrón del INE, a día de hoy solo 2 de cada 10 personas (nueve millones, casi la población entera de España en el siglo XVIII) viven en localidades de estos tamaños. En la actualidad, de hecho, son considerados pequeños municipios —tanto, que han podido escabullirse de algunas de las restricciones de la pandemia— y gran parte de ellos están en la cuerda floja de la despoblación.

Sin embargo, en el Antiguo Régimen, “un municipio de estas dimensiones ya se consideraba ciudad”, indica Álvarez. Por ejemplo, como indica el trabajo de investigación Hacia una definición de la demografía urbana: España en 1787, en Canarias, Castilla y León, Extremadura, Murcia y el País Vasco los núcleos urbanos tenían un tamaño medio que rondaba los 9.000 habitantes. Por aquel entonces la zona rural incluía a todos esos municipios de menos de 5.000 habitantes. Aunque esto no significa que en las ciudades no hubiera un gran peso de la ganadería y la agricultura: en el sur de España existían las llamadas agrociudades, municipios que alcanzan los 10.000 habitantes pero en las que, en lugar de diversificar el empleo, predominaba este sector primario.

A medida que la economía agrícola que definía a España pasó a transformarse en una más industrializada, la población hizo las maletas y empezó a mirar a las ciudades del interior de la Península. Poco a poco la densidad poblacional fue creciendo desde los 20,7 habitantes por kilómetro cuadrado hace más de dos siglos a los 90 habitantes por kilómetro cuadrado de 2020, aumentando la población en las grandes ciudades como Barcelona, Valencia, A Coruña, Oviedo o Madrid. La provincia de Pontevedra refleja muy bien ese cambio: en 1787, encabezaba el ranking nacional con 76 habitantes por kilómetro cuadrado y, en las densidades actuales, ha bajado hasta el puesto 13.

6. En algunos municipios, la densidad poblacional era mayor que ahora

Por último, otro detalle que no puede pasarse por alto comparando las primeras estadísticas de España con las actuales es que hay tres provincias en concreto que tenían mayor densidad poblacional en 1787 que en la actualidad: son Cuenca, Teruel y Soria. Si hace 223 años las tres contaban con 14 habitantes por kilómetro cuadrado, ahora en Soria solo hay 8,6, lo que supone una caída del 30% de vecinos entre 1787 y 2020 (de 115.092 a 88.884). Por su parte, Teruel tiene 9,06 habitantes por kilómetro cuadrado, una drástica reducción del 42% (de 191.118 a 134.176 habitantes). Cuenca es la única de las tres que supera la decena de habitantes por kilómetro cuadrado: según los datos de Floridablanca, esta provincia solo ha visto reducida su población en un 5% en los últimos 300 años (de 206.218 habitantes a 196.139).

Es importante tener en cuenta que los datos de estos históricos censos son orientativos. Pasados los años, numerosos expertos han constatado que las cifras bailan mucho entre los siglos. De hecho, el de Floridablanca es el más fiable. La Comisión General de Estadísticas del Reino —primera institución moderna de estadística de España— no nació hasta 1857 por lo que, hasta entonces, la única forma de recoger información estadística era acudiendo a los obispos y a los párrocos, dueños de todos los registros y libros de familia. Por supuesto, estos no incluían ningún cálculo estadístico y estaban escritos a mano, por lo que lo más probable es que haya errores. Pero sí es suficiente para ver en qué cosas ha cambiado España (y en qué cosas no lo ha hecho): si en la actualidad la población viviera tan apretada como en el distrito centro de Madrid, toda España podría caber en Tenerife. Somos muchos más, pero vivimos en menos municipios y tendemos a abandonar las ciudades intermedias para irnos a las más grandes. Lo urbano nos sigue llamando.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Ciudad lineal (Madrid) Urbanismo inacabado. El Confidencial

 URBANISMO

Una calle de Madrid que llegue a Moscú: la utopía de Arturo Soria en Ciudad Lineal

Con idea de resolver los problemas sociales de la época, Arturo Soria concibió en el siglo XIX un proyecto de ciudad sin límite, que llegaría hasta Pekín o Moscú. Esta es su historia

Foto: Urbanismo de la Ciudad Lineal.
Urbanismo de la Ciudad Lineal.

Si hay un distrito en Madrid que llama la atención por su peculiaridad es, sin duda, Ciudad Lineal, el proyecto de Arturo Soria. De una manera utópica, que nunca llegó a poder realizarse, Soria pretendía crear una verdadera ciudad lineal ideal, que recorrería Europa (e incluso el mundo) y sería nexo de ciudades puntuales, yendo hasta San Petersburgo o incluso Pekín.

Para Soria, la escasez de viviendas para obreros, la escasa higiene de las mismas y el precio del suelo eran los principales problemas de Madrid durante el siglo XIX. Contrario como era a la planificación ortogonal, propuso esta ciudad lineal en donde una calle principal que podía no tener límite (de ahí que llegara hasta Pekín) en función de las necesidades, sirviese de eje de comunicación, con calles paralelas donde se enlazasen las viviendas, unifamiliares y con jardín, en un estilo americano. En consecuencia, su propuesta trataba de corregir el problema de hacinamiento de la clase obrera española, de acuerdo con los principios higienistas de la época. Además, se inspiró en las ideas de algunos socialistas utópicos como Owen o Cabet, o de urbanistas como Olmsted y Herbert Spencer.

 

La escasez de viviendas para obreros, la escasa higiene de las mismas y el precio del suelo eran los principales problemas de Madrid

 

"Soria propuso un concepto urbanístico que funcionará como ciudad y línea de conexión al mismo tiempo", explica Pablo Gómez, arquitecto y director de Rez Estudio. "Para entender cómo surge un planteamiento como éste debemos ponernos en contexto en el momento en que Arturo Soria en 1886 propuso la idea de Ciudad Lineal. Era un plan urbano pensado para resolver los problemas sociales y la especulación en las ciudades. Era una propuesta de progreso. Tiene precedentes que surgen como respuesta al crecimiento de las ciudades y su relación con la industria y la tecnología. Desde Owen, Fourier, Cabet o Ildefons Cerdà, el objetivo es buscar la forma de resolver la conexión entre la necesidad social y la innovación técnica".

Fotografía cedida por el distrito de Ciudad Lineal.
Fotografía cedida por el distrito de Ciudad Lineal.

En propias palabras de Soria, trataba de ruralizar la vida urbana o urbanizar el campo, consiguiendo que cada familia contara con su propio pedazo de terreno completamente separado de los demás. Su propuesta, por tanto, se alejaba de las características ideas de hacinamiento y recolocación de las clases obreras debido a la falta de espacio (ejemplo de ello, los Banana Flats en Edimburgo, de carácter brutalista, que ya mencionamos en otra ocasión). "Ni sótano, ni buhardilla, ni aglomeración de miserias que en las modernas construcciones benéficas se juntan y procrean nuevas miserias", explicaba en sus escritos.

 

Su idea era unir los núcleos circundantes de Madrid mediante un ferrocarril, uniendo Pozuelo, Carabanchel, Villaverde, Vallecas, Vicálvaro, Canillas, Hortaleza y Fuencarral

 

La Ciudad Lineal, aunque en la periferia, debía estar ligada a un medio de transporte colectivo. Su idea era unir los núcleos circundantes de Madrid mediante un ferrocarril o tranvía, uniendo así zonas tan diferenciadas como Pozuelo, Carabanchel, Villaverde, Vallecas, Vicálvaro, Canillas, Hortaleza y Fuencarral, cerrándose en el Pardo mediante un anillo de circunvalación. El proyecto, aunque llevaba pensado desde 1882, no pudo ponerse en práctica mediante aprobación municipal hasta diez años después.

Para llevar a cabo su idea, Arturo Soria creó la Compañía Madrileña de Urbanización, con la idea de construir un collar de 50 km (que al final solo sería de cinco), y adquirió terrenos en la despoblada zona este de la ciudad. El proyecto se paralizó durante la Guerra Civil Española y, unido esto a la vejez de Soria llevó a que irremediablemente, pese a lo ambicioso, tuviera que conformarse con lo que hoy conocemos. No todo el mundo estaba a favor de la curiosa idea: el escritor Ramón Gómez de la Serna calificó el barrio como "ciudad muerta", por encontrarse muy lejos del núcleo urbano de Madrid. Sea como fuere, sirvió de inspiración posterior para otros arquitectos.

 

El movimiento francés de la ciudad jardín por ejemplo influyó a Le Corbusier en su tesis 'Les trois établissements humains'

 

"El instrumento de crecimiento de la Ciudad Lineal de Arturo Soria y Mata influyó enormemente en propuestas posteriores", explica Pablo Gómez. "El movimiento francés de la ciudad jardín por ejemplo influyó a Le Corbusier en su tesis Les trois établissements humains, y muchos otros emplearon ideas en sus propias propuestas de ciudad lineal, como La ciudad de Metrolinear, de Regunald Malcolmson; el proyecto de Ciudad Lineal de Pampus en Amsterdam, de Jo van den Broek y Jaap Bakema; o la ciudad lineal de Stalingrado, de Nikolai Milyutin, compuesta por franjas paralelas. También se adoptaron influencias de pequeños elementos o partes del sistema que planteó Arturo Soria para experimentar con opciones adicionales. Uno de los ejemplos más directos puede ser la Roadtown de Edgar Chambless".

Frente a la ciudad utópica que se había planteado hasta el momento, en la que la comunidad se alejaba de los problemas sociales, Gómez asegura que Soria planteó una adaptación al desarrollo y una respuesta para la prosperidad de la ciudad y sus habitantes. "Tiene mucho interés en sentido arquitectónico y social analizar este modelo por supuesto, aunque puede entenderse más como algo conceptual, social y urbanístico que como una propuesta posible. Hoy en día nos enfrentamos a grandes exigencias en términos de eficiencia y sostenibilidad y, en ese sentido, la respuesta parece ser habitar la altura, ya que permite aprovechar el espacio al máximo. El concepto de ciudad lineal se está aplicando de ésta manera. Una ciudad lineal que crece en altura, que se conecta y que es a la vez ciudad", concluye.

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