miércoles, 14 de diciembre de 2016

Por qué han quebrado radiales. El Confidencial

Por qué han quebrado radiales: un fallo del sistema sin culpables que pagarás tú

Mala planificación, sobrecostes en las expropiaciones, previsiones infladas de tráfico, carga del riesgo en el contribuyente... todo llevaba al desastre a las autopistas de peaje


Foto: Un coche circula por la autopista de peaje R-3 en Madrid. (Reuters)
Un coche circula por la autopista de peaje R-3 en Madrid. (Reuters)
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"Si tuviera que resumir lo que ha pasado, le robaría el título del libro a John Kennedy Toole: esto ha sido 'La conjura de los necios'. No hay un único culpable". José Antonio López Casas, director general de Accesos de Madrid (la R-3 y la R-5) entre 2009 y 2014, resume así el fiasco de las autopistas de peaje. Un sistema ideado a finales de los noventa que ha muerto por una mezcla de causas según los expertos consultados: las constructoras contrajeron riesgos porque contaban con el aval de la Administración, las expropiaciones se dispararon de precio sin que nadie lo previera y el tráfico es el 20% de lo anunciado. ¿El resultado? Unos 5.500 millones de pufo que de una forma u otra sumirá el Estado, como ya concede el Ministerio de Fomento después de años de negar la mayor. Estas son algunas de las claves de un proceso Marca España: sin investigación, sin responsabilidades, sin culpables y sin lecciones aprendidas.

- ¿Quién lo ideó?

La idea de duplicar las vías de acceso y salida de Madrid lleva años rondando por los despachos, como recuerda López Casas: "Con Borrell empezaron los primeros estudios para descongestionar el tráfico de acceso a Madrid". Entonces se hablaba de autovías sin peaje, la AA-22, AA-33, AA-44 y AA-55. López Casas, hoy jubilado, tiene la ventaja de que habla claro y que nunca ha negado los problemas que sufrían estas infraestructuras. Germà Bel, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona y experto en este campo, tiene memoria y sitúa el momento clave unos años más tarde: "Si uno mira un mapa de París, ve que tiene 11 accesos. Madrid tenía seis y Aznar quiso que tuviera 11. Así se idearon las radiales". Así, a las seis autopistas radiales se unían la R-2, R-3, R-4, R-5 y la M-11 al aeropuerto.

- ¿Qué sistema se usó?

El Gobierno de Aznar quería hacer las autopistas, pero eran los tiempos de los criterios de convergencia de Maastricht y de recortes para cuadrar el déficit público. Así que se optó por un sistema mixto. El Estado era el titular de la obra, pero la construían empresas privadas. Lo mejor de los dos mundos. En el caso de Madrid, las concesionarias asumieron además la construcción de la M-50, 86 kilómetros de circunvalación que no costaron dinero al contribuyente. Todo eran ventajas.

La fórmula de construcción incluía una cláusula que entonces no pareció importante. Es la habitual en las obras públicas en España, donde el Estado es el dueño último: la responsabilidad patrimonial de la Administración (RPA). En caso de quiebra o de rescate de la concesión, el Estado se hace responsable (al fin y al cabo, son obras de titularidad estatal).
Germà Bel y Daniel Albalate, en su estudio 'Tropezando dos veces con la misma piedra: quiebra de autopistas de peaje y costes para contribuyentes y usuarios', definieron los efectos prácticos de esa cláusula: "Dada la garantía estatal que establece la RPA, esta incentiva a los inversores privados a acometer inversiones de incierta rentabilidad que serían mucho más reticentes a emprender en ausencia de la RPA". Señalan que "supone una cobertura directa del riesgo de financiación por parte de los contribuyentes".
Bel es crítico con el sistema: "Hacer obras sin sentido económico ni social se ha convertido en un modelo de negocio. La RPA es un instrumento financiero". Según este, lo que ha ocurrido era previsible y el sistema estaba diseñado para transmitir a los contribuyentes el riesgo de las obras: "Sin la RPA, no se hubieran hecho".



Entre 1998 y 2006, así se aprobaron 15 autopistas de 14 empresas concesionarias. Hubo muchas en Madrid, pero también la Cartagena-Vera, en un paisaje de costa que debía servir para urbanizar uno de los últimos grandes tramos vírgenes de la costa mediterránea, o la autopista de Las Pedrizas a Málaga. Tenían 50 años de concesión.

- ¿Quién estaba en el negocio?

Las radiales eran un negocio seguro. Había tortas por entrar. En el accionariado de las concesionarias, había constructoras (ACS, OHL, Cintra, Sacyr, Sando, Isolux...) pero también cajas de ahorros, como Caja Madrid, Unicaja, Cajamurcia o Cajamar. Lo mejor de cada casa. López Casas recuerda la fiebre: "Todos, desde el más listo de los empresarios privados, querían estar en esto: Entrecanales, Florentino Pérez, Del Rivero, Alemany..., todos estaban como locos".
Una singularidad, explica Bel, es que en muchos casos los constructores estaban en el accionariado de las concesionarias. Es decir, construyeron la autopista y cobraron, luego la concesionaria, montada con un capital que en algunos casos era el 11% de la inversión, se quedaba con el riesgo. López Casas niega que las constructoras hayan ganado sí o sí: "Han perdido el capital. Ha sido mal negocio para todos". La deuda quedó en manos de los bancos. Ahora han vendido buena parte de esa deuda con descuento a fondos buitre que exigen cobrar.

- Las inauguraciones

En febrero de 2004, solo un mes antes de las elecciones generales que acabó ganando Zapatero, Aznar inauguró la R-3 y la R-5. El entonces presidente afirmó que estos nuevos kilómetros de autopista marcarían "un antes y un después" en España, que lo convertirían en "un país muchísimo más moderno, competitivo y abierto", y destacó que los proyectos de infraestructuras del PP no eran de los que "se pintan en un papel y, por falta de recursos, no se llevan adelante, sino que se hacen realidad", según la prensa de la época.

-Las expropiaciones

En realidad, entonces ya estaban asomando los problemas que más tarde acabarían por hundir el negocio. Las expropiaciones se dispararon. Especialmente en Madrid. Accesos de Madrid (R-3 y R-5) previó 40 millones en expropiaciones para una inversión total de 675 millones. Henarsa (R-2) calculó que el terreno le costaría otros 40 millones para una inversión de 410 millones. Solo estas dos empresas tuvieron que afrontar expropiaciones por valor de 1.600 millones. En total, el coste de las expropiaciones pasó de 387 millones a unos 2.210. ¡Casi seis veces más! 
¿Qué había pasado? Que primero el jurado provincial de expropiación de Madrid y después el Tribunal Superior de Justicia y el Supremo aplicaron criterios nuevos. Una ley del suelo de 1998 incorporó el valor de mercado del suelo como referencia para las expropiaciones. Los propietarios reclamaron con éxito que sus terrenos se valorasen como urbanos, aunque en ese momento fuesen improductivos. Alegaban que la propia autopista de peaje incrementaba el valor potencial de los terrenos. La Justicia terminó asumiendo que todo lo que estaba dentro de la M-50 era equiparable a urbanizable.
En la salida de Madrid por la R-3, a la altura del barrio de San Blas, el TSJ de Madrid llegó a fijar un precio de 3.161 euros por metro cuadrado. Por una parcela de 860 metros, solo lo necesario para una rotonda, hubo que pagar 2,768 millones (el precio establecido inicialmente era de 26.456 euros). La Justicia falló también que, como la obra en el fondo era del Estado, era Fomento el responsable último de pagar si la concesionaria entraba en concurso de acreedores. Bel sí admite que las expropiaciones han sido un problema del Estado —los jueces son parte del Estado— y que las empresas no podían prever estos criterios, por lo que tienen derecho a reclamar una compensación.
Fue un formidable negocio para muchos propietarios. Algunos eran agricultores o pequeños propietarios, pero también se han beneficiado terratenientes como Juan Abelló, la familia Franco o los herederos de Serrano Suñer. Un grupo de despachos de abogados también sacó tajada. Las sentencias comenzaron a caer cuando la burbuja inmobiliaria había pinchado, pero aun así la Justicia utilizaba criterios de valoración de los años del 'boom'. Es cierto que tardaron mucho en cobrar, pero al final no fue mal negocio. Una fuente del sector resume lo ocurrido con la cita de Churchill sobre los jóvenes de la RAF en la Batalla de Inglaterra: "Nunca tantos [los españoles] pagaron tanto [1.500 millones] a tan pocos [los expropiados y sus abogados]”.

- Las obras

Como suele ser habitual, las obras también se fueron de precio. Si la construcción total estaba prevista en 3.700 millones de euros, hubo 473 millones de obras adicionales. No es que hubiera grandes imprevistos en el terreno, pero sí hubo cambios pedidos por el propio Gobierno: nuevos accesos, desvíos, cambios en la M-50... "Los constructores metieron la uña", resume una fuente del sector.

- El tráfico

Las autopistas de peaje estaban mal pensadas. En eso ya hay consenso. El tráfico cayó por la crisis, pero actualmente ronda el 30% de lo estimado inicialmente. Así que no se puede achacar a factores económicos. López Casas señala que el Estado no ayudó: "Inicialmente, a la M-50 solo se iba a acceder por las radiales. Y eso les daba mucho valor. Luego fueron añadiendo accesos por todas partes. Mejoraron las vías alternativas. Intentamos que dieran más velocidad en las radiales, pero no quisieron".
La M-50 iba a tener inicialmente cuatro entradas y acabó teniendo 12. Con cada nuevo acceso, el interés de los conductores por las radiales bajaba. Irónicamente, la M-50 tiene un 30% más de tráfico del previsto, mientras que las radiales solo un 30% del calculado en su día.
Otras autopistas simplemente no tuvieron opción. La Cartagena-Vera estaba pensada para urbanizar el último tramo virgen del Mediterráneo, especialmente Marina de Cope. El Gobierno de Murcia desprotegió por ley una zona virgen del litoral para construir miles de viviendas. Un aeropuerto privado (aún sin abrir) y la autopista harían el resto para traer a miles de turistas. El Constitucional anuló esa ley y salvó Marina de Cope. A su vez, hundió la autopista. Adjudicada en 2004, abrió al tráfico en 2007. No hubo inauguración ni champán. Ya nadie creía en ella. Tiene salidas que no dan a ningún lado porque esperaban desarrollos urbanísticos.
Fuentes del sector señalan que las estimaciones de tráfico las daba Fomento en los contratos. "Te tienes que fiar de ellos. Si no se han cumplido, el Estado tiene que responder". Así funciona el sistema.

- ¿Qué soluciones hay?

Durante años, los gobiernos de PSOE y PP dieron préstamos participativos a las empresas para ir equilibrando sus cuentas. Siempre vendían que eso no iba a costar un euro a los españoles. Cuando Ana Pastor cortó esos fondos, las empresas fueron entrando en concurso de acreedores. Uno de los jueces de lo mercantil llegó a plantear cerrar la R-3 y la R-5, pero la concesionaria le dijo que entonces cerrara su tramo de la M-50, algo inviable. El nuevo ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, ha asumido que las radiales pasarán a ser gestionadas por el Estado: "Las autopistas revertirán al Estado y el Estado decidirá cómo gestionarlas". Las constructoras dan por hecho que eso supone que deberá afrontar la RPA, que fuentes del sector cifran en unos 5.500 millones. López Casas señala que lo ocurrido era inevitable: "Todo el mundo sabe que el sistema de pensiones va a quebrar, pero cada ministro espera que no le toque a él. Esto era lo mismo. Tenía que acabar pasando. Yo dije una vez en un programa de televisión que nunca íbamos a devolver los préstamos y Rafael Catalá, entonces secretario de Estado de Infraestructuras, lo negó". Este defiende que el Estado tiene que pagar y que no hay que hacer demagogia: "Si se queda con unas infraestructuras, estaremos de acuerdo en que no puede ser a cambio de nada".

- ¿Ha ocurrido antes?

Nacionalizar autopistas en quiebra no es algo nuevo en España. En noviembre de 1983, el Estado compró las acciones de seis autopistas ruinosas que estaban principalmente en Galicia aunque había una en Navarra. Fundó entonces la Empresa Nacional de Autopistas, que fue privatizada en 2003, justo cuando estaban en obras las nuevas radiales. Bel cree que no será la última vez: "Pasó, pasa y pasará. Las leyes y los patrones hacen que el problema sea endémico y sistémico".

jueves, 21 de enero de 2016

Población a 1 de enero de 2015. Diario El País

Demografía

España pierde población por la caída del número de extranjeros

El número de foráneos desciende en casi 300.000 en un año

El padrón baja cerca de 150.000 personas a 1 de enero de 2015






El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas
El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. EFE






La dinámica de pérdida de población que vive España desde 2012 sigue confirmándose con cada nuevo dato. Por tercer año consecutivo el número de residentes en el país ha descendido y a 1 de enero de 2015 se contabilizaron 146.959 habitantes menos que un año atrás: en España viven 46.624.382 millones de personas según los datos del último padrón continuo publicados este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Eso quiere decir que España perdió 402 habitantes cada día en 2014 debido a la importante caída del número de extranjeros.
Los datos del INE corrigen levemente al alza los que ya avanzó en abril. El descenso del número de extranjeros en casi 300.000 personas es el factor que explica que España pierda población. Es el cuarto año consecutivo que bajan, pero aún representan el 10,14% de la población. Tras esta reducción están la marcha de inmigrantes a su país de origen o a otros países y sobre todo las nacionalizaciones, que también han ayudado a que el número de españoles inscritos en el padrón avance un 0,35% (146.884 españoles más). Los datos provisionales del INE facilitados el pasado junio señalan que 205.870 personas adquirieron la nacionalidad española en 2014.






En España viven 4,7 millones de extranjeros. De ellos, casi 2,6 millones son de fuera de la Unión Europea —377.000 menos— y 2,1 de la UE —82.000 más—. Rumanos y marroquíes son las principales nacionalidades de los extranjeros residentes en España: Uno de cada cuatro inmigrantes que viven en España procede de estos países. Ello ha contribuido a rejuvenecer la población, dado que más de la mitad de ellos tienen menos de 40 años, lo contrario de lo que sucede con los provenientes de Reino Unido, Alemania o Francia.

Menos población en el futuro

Junto a los movimientos migratorios, la población depende de las cifras de natalidad y mortalidad. En 2014 los nacimientos en España aún superaron a las muertes en 31.678 personas, el saldo más bajo desde el año 2000, pero para el año recién concluido se prevé que por primera vez desde la Guerra Civil haya más defunciones que partos.


Mientras una primera estimación del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntaba a que esta línea roja demográfica se rebasaría en 2017, una proyección realizada solo unos meses después la corregía adelantando el momento hasta este 2015. El año ha acabado y a la espera de datos definitivos, en el primer semestre un corazón ha dejado de latir en España cada 69 segundos mientras un niño nacía cada 86 segundos.
Ello se ha traducido en 19.268 fallecimientos más que nacimientos, en línea con las predicciones de los expertos, que anuncian el comienzo de una nueva era de más lápidas y menos cunas: el INE espera que España pierda más de un millón de habitantes en los próximos 15 años y que en 2063 los fallecidos superen a los nacidos en 330.423 personas. Al acabar ese año casi cuatro de cada diez habitantes tendrá más de 65 años y la población española será de 40,9 millones, casi seis millones menos que en la actualidad, el equivalente a perder la población de Madrid, Barcelona y Valencia juntas.
"El número de fallecidos no dejará de aumentar. Las generaciones que llegan a edades muy avanzadas son cada vez más amplias y las que llegan a edad reproductiva menos numerosas. De ellas nacerán menos hijos a no ser que aumente su fecundidad para compensar que son menos, algo altamente improbable", explica Pau Miret, investigador del Centro de Estudios Demográficos de Barcelona.
Más allá del descenso de la población, el principal reto es el envejecimiento. La edad media de la población no deja de subir debido a varios factores: los españoles dejan el hogar familiar más tarde que el resto de europeos, a los 28,9 años de media, lo que contribuye a retrasar la formación de una familia. Las madres dan a luz su primer hijo a los 31,8 años y la fecundidad es de 1,32 hijos por mujer, inferior a la media europea y muy lejos de la tasa de reemplazo generacional, fijada en 2,1 hijos.
“La tasa de dependencia —la proporción de personas mayores de 65 años respecto a las de entre 20 y 65 años— sufrirá una subida persistente por la caída de los nacimientos. Eso complicará la sostenibilidad del sistema de pensiones incluso si se reduce el paro. Todo quedará en manos de una hipotética mejora de la productividad”, sostiene José García Montalvo, catedrático de Economía en la Universidad Pompeu Fabra. El economista advierte de otras posibles consecuencias: una importante caída de la demanda de primera vivienda o que los políticos centren sus propuestas en el amplio granero de votantes de avanzada edad en detrimento de los jóvenes.




Aumentan las personas con más de 100 años


El envejecimiento de la población española, impulsado por una esperanza de vida que en España se ha situado ya por encima de 83 años, solo inferior a la de Japón, se ha traducido en un aumento del número de personas con 100 o más años. 14.487 personas habían rebasado esta barrera a comienzos de 2015, un 10% más. La gran mayoría de personas que superaron el centenar de años son mujeres (80%).

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Crecimiento vegetativo negativo. Diario El País.

El número de muertes supera por vez primera al de nacimientos en España

El dato del primer semestre no se producía desde el mismo periodo de 1999




La caída de población española avanza más rápido de lo previsto. El Instituto Nacional de Estadística acertó en sus previsiones del pasado año al estimar que sería en 2015 cuando se cruzaría la línea roja del crecimiento vegetativo negativo. Por vez primera ha sucedido en el primer semestre según los datos provisionales publicados hoy.  Ese hecho, que no se registra en ejercicios completos desde la Guerra Civil o la epidemia de la gripe española en 1918, podría no ser definitivo debido a que los primeros meses del año hay un incremento sustancial de defunciones, respecto al segundo semestre, pero lanza una señal de alarma en torno a un problema que sufre la sociedad española. En el primer semestre de 1999 se produjo también un crecimiento natural negativo que se corrigió en el segundo. "Cabe señalar que los primeros semestres de cada año se caracterizan por presentar saldos vegetativos más bajos que los registrados en el conjunto del año, al tener mayor mortalidad y menor natalidad que los segundos semestres. No obstante, un saldo negativo durante el primer semestre no implica necesariamente que se mantenga para el conjunto del año", advierte el INE.

En el primer semestre el número de nacimientos fue de 206.656 mientras que las defunciones ascendieron a 225.924, con un crecimiento negativo de 19.268, y de 23.179 respecto al mismo periodo del año pasado. El número de nacimientos de madre extranjera supuso el 17,4% del total de nacimientos, frente al17,8% del mismo semestre del año pasado, con lo que mantuvo una ligera tendencia descendente.

El mayor número de defunciones que nacimientos irrumpe no solo porque el número de muertes es elevado, sino porque, además, el de nacimientos es muy bajo. El número de nacimientos en España, en el primer semestre de 2015, ha confirmado la tendencia a la baja que experimenta ese dato desde 2008 y ha marcado un mínimo desde 2010, con 206.656 nacimientos, un 0,8% menos que en el mismo periodo del año anterior. Un dato que, de confirmarse con la estadística del segundo semestre de este año, empeoraría la ya mala situación de España en el clasificación de países con la peor situación demográfica.
El número de nacimientos
también marca un
mínimo desde 2008
España es el quinto país de la UE en esa lista negra, ya que las españolas son las europeas que más tarde tienen hijos y las terceras que menos tienen. En 2050, si nada cambia, la población en edad de jubilación habrá duplicado al número de menores de 15 años y en 2080 se habrá alcanzado uno de los escenarios más temidos por los sociólogos: la inversión de la pirámide poblacional, según los datos de un estudio presentado a finales del pasado año en el Parlamento Europeo por el Instituto de Política Familiar.
Las previsiones del INE confirman esa vía. España perderá un millón de habitantes en los próximos 15 años y 5,6 millones hasta 2064, según la proyección de población a 50 años del instituto. Y si se mantienen las tendencias demográficas actuales, la población se reducirá de los 46,5 millones (enero de 2014) a 45,8 millones en 2024 y 40,9 en 2064 (un 12%).
Si el crecimiento vegetativo o natural de la población es la diferencia entre el número de nacidos y el número de fallecidos en un lugar durante un año, la situación no es mejor cuando hablamos del crecimiento real, es decir, cuando al crecimiento vegetativo le sumamos la inmigración y le restamos la emigración.

martes, 30 de junio de 2015

La nueva guerra del Wolframio. Diario El País

El wolframio o tungsteno es uno de los materiales que mejor aguantan el calor. Tiene el punto de fusión más alto de los metales: 3.400ºC. Además, es durísimo: solo el diamante es más duro. Durante la Segunda Guerra Mundial, en España se libró una gran batalla -económica, política y diplomática- en torno al wolframio, escaso en el planeta pero presente en la Península. La Alemania nazi trataba de asegurar el suministro de este material, con el que reforzaba sus proyectiles antitanque, mientras los aliados intentaban impedirlo por todos los medios.
Uno de los principales núcleos de producción estaba en la zona de Barruecopardo, en la provincia de Salamanca, que vivió entonces “unos años de alta fiebre económica”. Mientras en la ciudad de Salamanca mercadeaban productores y compradores, aliados o del Eje, “las pequeñas, humildes tabernas de Barruecopardo, tuvieron apenas unos meses el ambiente animado del ‘saloom’ de películas del Oeste”, escribió el periodista Enrique de Sena. “En pajares, corrales, tenadas surgieron algunos bares. Despacharon mucha cerveza, infinidad de latas de anchoas y mejillones y los primeros ‘platos combinados’ que se conocieron en las tierras salmantinas como ‘refrigerio’ de urgencia, botellas de güisqui. Corría el dinero, se jugaba a los naipes, se fumaba ‘americano’ y los magnates tenían en algunas casas alquiladas sus oficinas de contabilidad. Tantos kilos compro, tantos kilos pago”.

Barruecopardo
1 y 2- Estado actual de la mina, llena de agua por la lluvia y las filtraciones (ALEJANDRO RUESGA)
La fiebre pasó, pero una de aquellas explotaciones aguantó abierta hasta principios de los años ochenta. “Se marchó mucha gente. Había que marcharse, aquí no había vida. Algunos para Bilbao, otros para Madrid, Barcelona… Los que se quedaron se dedicaron al ganado, con ovejas, vacas, y, bueno, han tirado para adelante”. Rafael Patino (77 años) ha dado muchas vueltas en su vida, que le han llevado a Bilbao, a Francia, pero nunca se desvinculó de su pueblo, de la mina donde se crio: su padre trabajaba allí y él empezó a hacer lo mismo a los 14 años.
Junto a las ruinas de las casas que hace muchos años alojaron a los mineros, Patino va contando, a veces de forma desordenada, como suelen llegar los recuerdos, la historia del wolframio en Barruecopardo: cuando la empresa repartía un terreno a cada familia para que lo explotase, “a pico y pala”, y luego les pagaban cada cargamento al peso; cuando llegaron las grúas y la locomotora de gasoil que él manejaba con 16 años; cuando se llenaban todas las casas del pueblo “y hasta los corrales” para que durmieran los trabajadores que llegaban en burro o en bicicleta de los municipios de los alrededores; de los molinos y la machacadora gigante que la empresa le compró a Iberdrola “cuando hizo la presa de Saucelle [a siete kilómetros al sur de Barruecopardo] en los años cincuenta”.


Una historia que duró casi 80 años y que ahora vuelve a empezar. La mina se reabrirá en los próximos meses de la mano de la empresa Saloro, filial de la irlandesa Ormonde Mining. El proyecto ya tiene permisos para sacar de allí a partir del año que viene, calculan, unas 16.500 toneladas de mineral que tardarán en extraer nueve años.
Porque el wolframio vuelve a ser estratégico, al menos en el Viejo Continente. Al menos, eso dice la Comisión Europea, que ha incluido este metal en el listado de materias primas críticas, esto es, aquellas con una alta importancia económica para la UE y, a la vez, alto riesgo de falta de suministro. El wolframio se utiliza hoy en día en la construcción de teléfonos móviles, placas de circuitos, instrumental odontológico, fuentes de luz, maquinaria pesada, plantas de producción de energía, coches, aviones y trenes…
Como ocurría a primeros de los años cuarenta, el juego de la geopolítica y de los intereses económicos encontrados mueve todo el asunto, aunque esta vez, por suerte, la contienda es política y legal, con la Organización Mundial del Comercio (OMC) como árbitro. De un lado, están la Unión Europea, Estados Unidos y Japón; del otro China, país del que procede aproximadamente el 85% del tungsteno que se produce en todo el mundo. En 2010, el país asiático impuso restricciones al comercio de este mineral. La UE, EEUU y Japón denunciaron ante la Organización Mundial del Comercio, que les dio la razón en dos ocasiones. Por fin, China ha retirado a principios de 2015 las cuotas. Pero a las potencias occidentales no se les ha quitado el susto de encima.

El mismo camino han seguido desde 2010 las exportaciones chinas de molibdeno (mineral utilizado en la industria metalúrgica para hacer aleaciones más fuertes y resistentes al calor) y las tierras raras, nombre bajo el que se agrupan 17 elementos químicos metálicos usados en la elaboración de productos de alta tecnología como ordenadores, cámaras, televisiones… Por ejemplo, los imanes que hacen vibrar los altavoces que producen el sonido de un iPhone se fabrican con uno de esos 17 elementos.
Las tierras raras y el wolframio están dentro del listado de materias primas críticas de la UE, junto otras 18 como el cromo (utilizado para aleaciones de acero inoxidable y pintura), el cobalto (utilizado en la industria, pero también fabricar la mayor parte de las prótesis ortopédicas junto al titanio y al acero inoxidable) o el grafito (el clásico elemento de los lapiceros, también de las baterías de los coches eléctricos, por ejemplo).

domingo, 28 de junio de 2015

Las ciudades españolas. Diario El País

Una ciudad más próxima

Ineficientes, insostenibles y enemigas de la diferencia cultural. El porvenir de la humanidad pasa por corregir la deriva expansiva de las grandes concentraciones urbanas




Panorámica de París realizada por el astronauta alemán Alexander Gerst desde la Estación Espacial Internacional. / Getty

Desde mediados de los años ochenta del pasado siglo XX sabemos que estamos consumiendo más que lo que el planeta es capaz de darnos. También que cerca de un 54% de los habitantes de la Tierra vivimos en ciudades. Y resulta que éstas, a pesar de ocupar alrededor del 3% de la superficie del planeta, consumen las dos terceras partes de la energía y emiten el 80% de CO2, que es uno de los gases responsables del cambio climático. Por tanto, la estructura, funcionamiento y organización de las ciudades es determinante si queremos resolver el problema básico al que se enfrenta el siglo XXI: haber sobrepasado la biocapacidad del planeta.

La ciudad actual es resultado del intento de mejorar la salud pública y reducir las desigualdades de la Revolución Industrial. Se hizo aumentando el consumo del planeta, cosa que no importaba excesivamente ya que, como se ha dicho, hasta los años ochenta del pasado siglo era posible hacerlo. Pero hoy las ciudades han tomado una dirección basada en la ineficiencia y el despilfarro incompatibles con los límites planetarios.

La situación se puede entender bastante bien tomando el ejemplo del transporte. Espárragos que se producen en Perú, se comercializan en Los Arcos (Navarra) y se venden a ciudadanos de Sevilla. Por supuesto consumiendo energía y suelo. España importa piedra de China, Brasil o India. ¿Estamos tan locos que hacemos recorrer miles de kilómetros a un material tan pesado y que tenemos al lado de casa para construir viviendas? Lo mismo se puede aplicar al combustible que traemos en barcos o al agua que trasvasamos produciendo problemas ecológicos graves. O incluso a las personas. Siento hablar de la insostenibilidad del turismo, principal industria española, pero el año pasado nos visitaron 65 millones de extranjeros, en un país de menos de 47 millones de habitantes, con el coste ecológico y ambiental que suponen todos estos desplazamientos.

Pero esta vocación expansiva de las ciudades también se refleja en su organización física. Hasta mediados de los años cincuenta las ciudades crecían de forma más o menos radioconcéntrica, apoyadas en las vías de comunicación y con densidades razonablemente altas. A partir de ese momento, y debido a la popularización de los coches, la ciudad empezó a crecer de otra manera: colocando trozos urbanizados, normalmente de baja densidad, a mayor o menor distancia de la ciudad continua, con carreteras de unión entre todas las piezas. Fue así como se cambió el concepto de distancia en kilómetros por el de distancia en minutos. Con la ventaja para el urbanizador de que el terreno era mucho más barato. Además, el urbanita vivía en un entorno “campestre”. Así se creó una ciudad de trozos urbanizados separados por áreas de “campo” que quedaba a la espera de no se sabe qué. Trozos destinados a vivienda protegida, a urbanizaciones de lujo, a grandes áreas comerciales o a oficinas, que segregaban social y geográficamente a sus habitantes, tal y como se observa en cientos de miles de hectáreas en toda Europa, y no sólo en las grandes ciudades como Madrid (hace muchos años que empezó la fragmentación a lo largo de la carretera de La Coruña), Barcelona, Valencia o Sevilla.
Pero este funcionamiento solo es posible con unos inaceptables consumos de energía y suelo, altísimos costes de transporte, aumentos notables de la contaminación, rotura de los ecosistemas naturales o rebaja en la calidad de vida de los ciudadanos obligados a desplazamientos continuos en coche entre trozo y trozo urbanizado para realizar casi cualquier actividad.
Además, esta extensión de los límites urbanos, y de los ámbitos de intercambio, está trayendo consigo la desaparición de las identidades locales desplazadas por un pensamiento y unas formas únicas comunes, y por el escaso arraigo de estos fragmentos urbanos colocados en medio del campo. No se trata de volver a la autarquía. Hay materiales que sólo se pueden conseguir, o cultivos que sólo se pueden producir, en algunos sitios del planeta. Tampoco hay necesidad de abandonar un lenguaje formal que puede entenderse en cualquier sitio. Ni tan siquiera condenar el turismo: basta con adecuarlo a las nuevas condiciones.
Lo que está resultando crítico es que este pensamiento único traiga consigo la pérdida de las culturas locales, con sus formas propias, con lenguajes relacionados con un contexto específico, adaptadas a un clima, a unos materiales y deudoras de una historia. Surgen así grandes rascacielos, edificios de bloques o adosados, situados en Ciudad del Cabo, Hamburgo, Barcelona, Moscú, Lisboa, Madrid o Atenas, que apenas se diferencian unos de otros. Porque está demostrado que atender prioritariamente a las condiciones relacionadas con el lugar es mucho más eficiente y tiene mayor capacidad de respuesta ante los imprevistos.


Riada de turistas en la calle del Bisbe, junto a la catedral en el barrio Gòtic de Barcelona. / Joan Sanchez
En bastantes centros de investigación urbana en todo el mundo este cambio de la ciudad global hacia la ciudad local se concreta en muchos estudios específicos: agricultura de proximidad, energía distribuida, potenciación de las identidades locales, turismo de cercanía, materiales y formas de construir tradicionales, nueva gobernanza para mejorar el empoderamiento de los ciudadanos, redensificación y multiplicidad de usos en las áreas fragmentadas, sustitución de la infraestructura gris por infraestructura verde, utilización racional de los servicios de los ecosistemas o, incluso, ámbitos de planeamiento que se correspondan con regiones ecológicas. Algunas ciudades incluso han pasado ya de la investigación a la práctica. Son ejemplos españoles los casos de Vitoria-Gasteiz o Santiago de Compostela (exceptuando la Ciudad de la Cultura).

La dispersión de las urbes es uno de los principales problemas. Se avecinan ajustes
La ciudad del futuro nunca será como la del pasado. La razón principal es que la población mundial en 1800 era de 1.000 millones de personas y actualmente hay que alojar a 7.000 millones. No se trata de olvidar que todos somos habitantes del mismo planeta. Ni de renunciar a los avances debidos a un lenguaje formal común o a los adelantos de la técnica. Pero tampoco se pueden destruir las identidades locales, o pasando por alto la ineficiencia y el despilfarro de vivir en unas ciudades no adaptadas a sus territorios. Se avecinan tiempos de ajustes. Ajustes que se producirán, o bien dejando que las cosas se arreglen solas pero con altos costes y sufrimiento para mucha gente, o controlando la situación de forma que se minimicen los daños. Después de la tremenda diástole urbana producida el pasado siglo, se ve venir una sístole, una contracción, un repliegue urbano necesario para que el corazón del planeta siga funcionando. Es imprescindible no cerrar los ojos a lo evidente y tomar el control del camino de vuelta a la ciudad local que necesariamente se tiene que producir. Que ya se está produciendo.
José Fariña Tojo es catedrático de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid.

martes, 16 de junio de 2015

Cambio climático. Diario El País

La agencia de la energía alerta de que los recortes de emisiones no bastan

La AIE propone medidas más firmes contra el calentamiento para evitar rebasar el límite de dos grados

La receta: más inversión en renovables, cierre de centrales de carbón y eliminar las subvenciones a los combustibles fósiles




Emisión de gases industriales en la bahía de Algeciras en 2006. / José Bienvenido
Los compromisos que los países están haciendo públicos de cara a la decisiva cumbre de lucha contra el cambio climático de diciembre en París no son suficientes, alerta la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Sin objetivos de reducción de emisiones más ambiciosos, el aumento medio de la temperatura será de 2,6 grados centígrados a final de siglo, es decir, por encima del umbral de peligro establecido por los científicos, asegura este organismo.
La AIE ofrece en un informe presentado este lunes en Londres una receta que combina varias medidas con las que se podría evitar esa nefasta consecuencia: eliminar las subvenciones a los combustibles fósiles --algo que también ha recomendado recientemente la OCDE y a lo que se acaba de comprometer el G-7--, aumentar la inversión en energías renovables y prohibir la construcción de nuevas centrales de carbón (e ir progresivamente cerrando las menos eficientes).
España reduce emisiones, pero menos que la media europea
España redujo un 2,1% las emisiones de CO2 procedentes de la quema de combustibles fósiles en 2014 respecto al año anterior, un descenso muy inferior a la media de los países de la Unión Europea. En el conjunto de la UE las emisiones cayeron un 5%, según un informe publicado este lunes por Eurostat, la oficina estadística comunitaria.
En la mayoría de Estados miembros las emisiones de CO2 cayeron, pero hubo excepciones como Bulgaria (+7,1%), Chipre (+3,5%), Lituania (+2,2%), Finlandia (+0,7%) y Suecia (+0,2%). Eslovaquia, con un descenso del 14,1%, y Dinamarca, con un 10,7%, lideraron las bajadas en las emisiones de CO2, el gas que más contribuye al calentamiento global y que supone aproximadamente el 80% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE. 
El gran objetivo de la COP21 consiste en tomar medidas que mantengan el aumento de la temperatura global por debajo de los dos grados centígrados en comparación con los niveles preindustriales. Y la energía estará en el meollo del debate, recuerda la AIE en el trabajo titulado Energía y cambio climático. No en vano la producción y el uso de energía representan dos tercios de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI).
La AIE propone lo que llama un escenario o estrategia "puente" con la que se pueda alcanzar un punto máximo de las emisiones mundiales relacionadas con la energía en 2020. "Estas medidas", señala el informe, "tienen profundas implicaciones en el mix energético mundial, ya que ponen freno al crecimiento del uso de petróleo y carbón en los próximos cinco años y dan mayor impulso a las energías renovables".
En este escenario puente, el uso de carbón alcanza el máximo en 2020 y luego decrece, mientras que la demanda de petróleo se incrementa hasta 2020 y luego permanece estable. Así, las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía llegan a su máximo entonces, para después ir descendiendo. "Tanto la intensidad energética de la economía mundial como la intensidad en emisiones de CO2 de la generación eléctrica mejoran un 40% para 2030", añade el texto.
La AEI recuerda que los compromisos que salgan de la COP21 deben aportar "recortes drásticos de las emisiones" y "al mismo tiempo, mantener el crecimiento de la economía mundial, impulsar la seguridad energética en el mundo" y proporcionar energía a quien todavía carece de ella. El informe quiere ser un punto de referencia para los países que aún no han presentado sus compromisos. 

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